Columna de la UC: Lecciones desde el sur

La UC dio vuelta un marcador adverso con goleada y, en parte, el aliento de los hinchas cruzados sureños, que tienen pocas opciones de ver a su equipo, fue una de las condicionantes del compromiso.

Por Publimetro

Por Pablo Sánchez

Frecuencia Cruzada

La victoria de Universidad Católica ante la Universidad de Concepción por 4 goles contra 2 – un marcador por lo bajo justo, aunque la diferencia en cancha fue superior – permitió sacar en limpio varias conclusiones dignas de mencionar: el funcionamiento del equipo se va aceitando de a poco, comienzan a aparecer las principales sociedades en cancha y empezamos a demostrar que es posible aguantar momentos de alta presión del rival. No obstante, la importancia de los puntos anteriormente enunciados, más allá de lo futbolístico, el partido ante los del Campanil destacó por un aspecto muy relevante y que, hasta hoy, pasó un tanto desapercibido: el ambiente creado en las tribunas del Estadio CAP de Talcahuano – donde la parcialidad Cruzada agotó los tickets que puso a disposición el equipo local – y la conexión de la gente con el equipo.

Desde un comienzo, incluso antes de que la pelota empezara a rodar, se notó una atmósfera que dista mucho de lo que podemos apreciar semana a semana en la cancha de San Carlos de Apoquindo.

El equipo llegó al CAP a eso de las seis de la tarde, cuando ya una buena porción de hinchas se había instalado en las tribunas Andes y Sur. Uno a uno fueron bajando los miembros del cuerpo técnico y los citados del primer equipo, y todos sin excepción fueron ovacionados por los fanáticos Cruzados que se agolparon a saludar al plantel. Incluso jugadores resistidos como Carlos Espinosa y Christian Bravo fueron bastante aplaudidos.

El pitazo del siempre polémico Enrique Osses, dio inicio a un partido que de antemano parecía complejo e importante. Adicionalmente, la contra había empatado sin goles ante Arica, por lo que la situación apuntaba a empezar a sacar ventajas en el torneo. El gol de Jean Meneses a poco de comenzar el partido fue un balde de agua fría para los casi cinco mil cruzados que presenciaban y alentaban desde las tribunas. Sin embargo, sorprendentemente, este hecho generó que el apoyo de los hinchas se multiplicara como una suerte de unión entre el deseo de quienes habían viajado cientos o miles de kilómetros y el equipo que desde el principio mostraba su, a estas alturas tradicional, presión atosigante.

Cosa extraña, sobre todo para los que somos de Santiago y estamos acostumbrados a que con un gol en contra comience el penosamente tradicional murmullo nervioso e incómodo que condiciona aún más la posibilidad de dar vuelta situaciones adversas.

El sábado, por el contrario, la gente se mostró muy comprometida y compenetrada con lo que ocurría en la cancha y los tres goles cruzados en un pequeño margen de tiempo fueron un premio a ello. Después de dilapidar un par de chances de terminar el encuentro, un nuevo gol de otro partido de los del Campanil supuso otro momento de angustia para nuestro equipo. Pese a ello, nuevamente el apoyo desde las tribunas no decayó y la atmósfera de ahí en más fue completamente positiva para nuestros intereses, pudiendo culminar la jornada con un cuarto y definitivo gol.

Evidentemente el resultado y el marcador se deben a situaciones generadas netamente en la cancha. Pero desconocer de antemano la relevancia que tiene el ambiente que rodea el campo de juego es, a todas luces, un error (y no son pocos quienes piensan esto, llegando al punto de señalar que “lo único que vale en el fútbol son los 22 que juegan”). El apoyo constante y contundente es un ingrediente cuya importancia no puede ser menospreciada, y qué mejor ejemplo que lo sucedido el sábado pasado. Quedará a juicio de cada uno el imaginar qué hubiera ocurrido si el mismo partido se hubiese jugado en San Carlos de Apoquindo.

Expuesto el punto anterior cabe preguntarse, ¿a qué pueden deberse tan distintas reacciones para un mismo equipo en cancha? Mientras uno puede elucubrar diversas teorías, expongo acá mi preferida. Sabiendo que Católica es un equipo de muchos hinchas en el sur del país – incluso, de acuerdo a la encuesta Adimark 2015 posee el mismo porcentaje de seguidores que la U en la Región de la Araucanía – y considerando el hecho de que todos los equipos que se encuentran más al sur de Concepción se encuentran jugando en categorías inferiores de nuestro fútbol, no es extraño pensar que para estos hinchas, ésta sea una de las pocas oportunidades – sino la única – que tienen de ver un partido de la UC.

Indudablemente, en este escenario, un encuentro como el del sábado es para estos Cruzados una fiesta y un carnaval irrepetible hasta la siguiente temporada. Basta recordar el apoyo que recibió el equipo en la final de la Copa Chile 2013, cuya sede final fue la ciudad de Temuco. Por lo mismo, no resulta una sorpresa que en el último encuentro haya existido tanta complicidad entre lo que ocurría dentro y fuera de la cancha.

Este hecho – con todo lo debatible que pueda ser – es, a mi juicio, una importante lección que dejan los hinchas del sur a quienes tenemos la suerte de ver y apoyar a nuestro equipo todos los fines de semana; es verdad que no hay una implicancia directa entre el apoyo de las tribunas y el marcador final y que la crítica es un medio más que válido para expresar el malestar, pero para muchos – entre los que me incluyo – existen muchos otros elementos que no pueden condicionarse a un mero resultado futbolístico: los valores, la cultura y el impacto social que tiene un club de fútbol son factores que hemos ido dejando cada vez más a un lado.

Y da para pensar cuán distinto serían los partidos de local con un ambiente como el vivido en el Estadio CAP. De cierta forma, ese es el otro triunfo del pasado sábado: no es un triunfo que nos entregue tres puntos para la tabla de posiciones o que nos acerque a levantar la ansiada copa, pero sin dudas es un triunfo de la identidad. Y en ese partido, los que contribuyen al murmullo incómodo, al nerviosismo y al insulto en la cancha contra los nuestros, pierden por goleada.

GRAF/DE

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