Vida, muerte, dolor y gloria: las fuertes emociones del campeón Roberto Gutiérrez

Los últimos meses han tenido sentimientos de todo tipo para el delantero que logró su segundo título con la UC. Siempre con intensidad, esta vez la vida le vuelve a sonreír.

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Por Pablo Serey Correa

La vida de Roberto Gutiérrez en los últimos meses ha transitado en un vértigo emocional profundo. De las buenas y de las malas ha tenido el Pájaro, pero siempre con una intensidad colosal, nada a medias. Y el último gran suceso está por el lado de las buenas… la obtención del título del Clausura 2015-2016 con la Universidad Católica.

Un acontecimiento que vuelve a poner al nacido en Curacaví en la cresta de la ola de la felicidad, así como el 13 de agosto del año pasado, y en mucho mayor medida, lo hizo la llegada al mundo de Maite, su primogénita, a quien el propio goleador le atribuye las buenas cosas que se le han dado en su carrera desde hace un tiempo.

“Ha sido todo un año fuerte. Mi hija viene con la marraqueta bajo el brazo, pero parece que trae la panadería entera. La verdad es que estoy muy feliz, se lo merece toda esta gente que sufre, fueron seis años que nos costó, la gente se burlaba de nosotros, los que somos hinchas a morir de Católica teníamos que comernos las basureadas y pisotones de toda la gente, pero ahora tenemos que disfrutarlo”, expresó el delantero al vincular la dicha que le provoca su hija con la estrella 11 de la UC.

Maite lo motivó para luchar cuando las lesiones no lo dejaron tener continuidad en el pasado Apertura, pero también le brindó una causa para multiplicar las buenas sensaciones en esas jornadas en que se le dieron dentro de la cancha, como en el recordado triunfo 2-1 sobre Colo Colo en San Carlos de Apoquindo con un tanto agónico de su autoría.

Pero el papel más fundamental de su hija se dio en los días más duros, sobre todo después de aquel 10 de diciembre de 2015, la jornada más dolorosa de Gutiérrez. Ese mismo día en el que Católica perdió 2-1 ante Audax por la semifinal de ida de la liguilla, el 22 de la Franja abandonó la cancha producto de una luxación en su hombro izquierdo y con ese dolor a cuestas, se enteró en camarines del fallecimiento de su abuela materna Ana María Gamboa.

“Este triunfo está dedicado a ella, se me fue en un momento en el que vino una lesión fuerte, fue un día complicado ese, también fue jugando contra Audax, ahora estamos celebrando un título justamente tras un triunfo ante ellos. Mi abuela desde el cielo me está acompañando, hay mucha gente detrás de mí, está mi familia, los que estuvieron siempre conmigo y sobre todo en ese momento complicado que viví”, sostuvo el atacante al recordar a su abuela, en el contexto de la celebración del nuevo título cruzado.

El peso de la muerte de un ser querido, más el duro diagnóstico médico, que auguraba un tiempo de recuperación cercano a los 5 meses, pronosticaban un semestre perdido para el ex hombre del Atlante de México. El Clausura 2015-2016 se veía imposible, pero la perseverancia potenciada por el cariño de Maite y su familia fomentó una reaparición mucho más temprana de lo esperado.

“Por más que se decía que no podía estar, uno tiene las ganas y más cuando la última parte del torneo se dio como se dio, uno estaba con más ganas de volver. Pude estar, pude volver, no sé si habré aportado tanto al equipo, pero la verdad que me siento tan parte de este título como me sentí en el 2010”, comentó el Pájaro sobre su retorno a las canchas.

Quebrando los primeros pronósticos, el ariete se recuperó antes de lo esperado y alcanzó a estar en cancha en la campaña de la corona 11 de los estudiantiles. No pudo aportar con sus goles, pero sí colaboró con otras materias. “Estar fuera fue súper difícil, pero eso me llevó a lo otro, a estar con el grupo, a fortalecer la unión con ellos, a tener otra faceta que por ahí no había tenido y espero haberlo hecho de la mejor manera”, planteó.

Y en el contexto de un plantel marcado por la juventud, ese aporte fuera de la cancha al que hace referencia el campeón con la UC en 2010 fue muy relevante. “Los más jóvenes nos hacían sentir a los mayores que teníamos la capacidad de hacerles sentir circunstancias o situaciones que habíamos vivido. Con Franco o el Huaso intentamos transmitir eso, traspasarles cosas que no solamente eran futbolísticas y creo que ellos lo supieron llevar de la mejor manera también. Esta gente joven tiene una capacidad enorme de aprender cosas”, valoró un feliz Roberto Gutiérrez.

GRAF/PS

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