Columna de la UC: La hora de los hinchas

Un diagnóstico crítico a las SADP: "La insolvencia económica y las irregularidades financieras han generado que muchos clubes estén al borde de la quiebra o la desafiliación".

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Por Pablo Sánchez – @pablomsc
Medio partidario Frecuencia CruzadaColectivo Alta La Frente

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En el año 2005, los senadores Andrés Zaldívar (DC) y Alberto Espina (RN), con el beneplácito del director de Chiledeportes de la época -Arturo Salah, hoy presidente de la ANFP- presentaron el proyecto de ley que permitiría la introducción de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales en el fútbol chileno. La justificación parecía sensata: las corporaciones sin fines de lucro, otrora estructura de los clubes deportivos, se encontraban en un punto crítico después de una sucesión de negligentes dirigencias y malos resultados económicos. Así, las SADP parecían una solución.

Once años después, sin embargo, la situación asoma aún peor. La insolvencia económica y las irregularidades financieras han generado que muchos clubes estén al borde de la quiebra o la desafiliación, y otros que simplemente se han visto en la obligación de dejar el profesionalismo, por responsabilidad de sus dueños. Es el triste caso de Deportes Concepción, cuya situación económica irreversible llevó a que el club fuera expulsado de la ANFP. A una situación similar llegó Deportes Ovalle, club que por sus incumplimientos laborales y previsionales fue forzado a descender a la Tercera División.

Los dos casos anteriormente mencionados son sólo la punta de un iceberg de un modelo que, derechamente, ha fracasado. Hoy, son muchos los equipos que deben enfrentarse al fantasma de la quiebra o la desafiliación ya sea por deficientes resultados económicos o por negligencia de sus dueños1. La pregunta cae de cajón: ¿qué pasó con el dinero de los clubes? Más inentendible aún se torna la situación cuando se hiciera público el manejo de los créditos que la ANFP realizaba a los 32 equipos que conforman la Asociación. Se repartieron 42 mil millones entre los clubes por concepto de ingresos de la Selección, además 33 mil millones provenientes del Canal del Fútbol y préstamos del orden de 30 millones de dólares con el fin de cancelar las deudas existente. La fórmula mediante la cual se traspasaron estos dineros (su objetivo era, en el papel, contribuir al desarrollo del Fútbol Joven) eximió a la Asociación del pago de impuestos.

En este escenario, hay muchas incongruencias difíciles de comprender. Por ejemplo, cómo es que Deportes Concepción, uno de los clubes que más dinero recibió de la ANFP cuando era propiedad de Nibaldo Jaque (colaborador de Sergio Jadue), fue capaz de llegar a un escenario económicamente insolvente. En el caso de los clubes grandes, por otra parte, las deudas hoy son más grandes que aquellas que llevaron a la quiebra a las corporaciones; Universidad Católica, cuya concesión no se originó por un proceso de quiebra, no se encuentra ajena de la situación y exhibe en el último ejercicio una pérdida de 481 millones de pesos. Después del descalabro mediático que sufriera la ANFP a fines de 2015, los clubes han tenido que acudir a otra fuente de financiamiento para sus pérdidas, y en muchos casos corresponden a empresas financieras propiedad de… los mismos dueños de las concesionarias. Así, surge con este modelo un nuevo actor social: el empresario del fútbol (tal como en los años 80 naciera el empresario de la educación).

El diagnóstico es, a todas luces, desolador. Sin embargo, existe otro punto que hace más dramático el escenario. Una de las premisas que defendían Zaldívar y Espina en el año 2005 fue que la llegada de las SADP impulsaría la participación de los hinchas dentro de sus clubes. En general, las corporaciones tenían participación directa y vinculante de sus socios, no obstante, el caso de Universidad Católica era tanto más triste: la llegada de la Fundación CDUC a principios de los 80 eliminó cualquier atisbo de participación democrática de los hinchas dentro del club e inició un proceso de elitización cuyos puntos clave fueron la llegada a San Carlos de Apoquindo y la venta de Santa Rosa de Las Condes. Hoy, ni en la UC ni en otros clubes existe esa participación, y el concepto de “hincha” o “socio” fue reemplazado por el de “accionista”, y así como el capital social de Cruzados SADP es controlado en 20% por el CDUC, similar caso ocurre con otras concesionarias (ByN es controlado por Larraín Vial y O’Higgins por la familia Abumohor).

Ejemplos como el caso argentino (donde los socios votan directamente por su presidente) o alemán (en donde el capital social es controlado en al menos 51% por los socios) parecen una utopía en nuestro contexto. Sin embargo, hay luces de esperanza. Movimientos de diversos clubes han empezado a organizarse – algunos de hace bastantes años – con la idea de acabar con el sistema de fútbol mercado, en el cual priman las lógicas de la oferta y demanda, y no las de la identidad, la democracia y la participación. En el caso de la UC, como colectivo Alta La Frente convocamos durante este mes a la primera asamblea general de hinchas, instancia que ya empezó a generar sus propios acuerdos democráticos (por ejemplo, convocar a una segunda instancia).

Sin dudas, surgirán voces disidentes: por una parte, aquellos que defiendan los intereses de la élite e intenten seguir sacando su tarjada de la torta; por otra, quienes cuestionen la validez de los movimientos acusando falta de idea o de fondo. Son quienes no entienden que un proceso democrático y colectivo debe alejarse de paternalismos obsoletos y tiene que erigirse, por convicción y construcción, desde las bases mismas del club. Aún así, el llamado es transversal: si queremos recuperar la UC (y los clubes en general) para los hinchas, debemos hacernos parte de los procesos que surjan, donde la discusión, el debate y la reflexión se vuelven ineludibles para conseguir nuestros objetivos.

GRAF/PS

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