"Todos estuvieron cuando esto reventó, pero todo ha empeorado y ahora nadie está"

A tres meses de la desafiliación de Deportes Concepción, los dos máximos referentes del afectado plantel narraron cómo ha sido la vida después de la decisión más controvertida del fútbol chileno en los últimos años.

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Por Pablo Serey Correa Cuando el desorden y la suciedad alcanzan niveles desbordantes, no es posible esconder todo ello bajo la alfombra, por más linda e imponente que esta sea. Así le pasa al fútbol chileno, pues por más notable que haya sido el título en la Copa América Centenario por parte de la Roja, las consecuencias de las cosas mal hechas siguen ahí y ahí siguen también quienes se han visto afectados por lo mismo. Ahí están los cesantes del desafiliado Deportes Concepción. Se les puede olvidar, pero no se les puede esconder. La gran mayoría de los integrantes del León de Collao que en cancha se ganó el derecho a participar de la liguilla por el ascenso en la pasada temporada de la B, andan merodeando por ahí, combinando entrenamientos para mantenerse en forma con actividades muy lejanas al fútbol para subsistir. Mientras tanto, engrosan la extensa lista de jugadores sin club que registra el Sifup. La rabia contra los responsables se conserva intacta, así como también las ganas por seguir jugando al fútbol. Pero lo que no se mantiene son las deudas ni los ahorros: lo primero sube y lo segundo cae. Esa lógica que azota a millones de trabajadores en nuestro país esta vez afectó a una treientena de futbolistas que quedaron sin sustento a partir del pasado 26 de abril, cuando el Consejo de Presidentes de la ANFP determinó la desafiliación de Concepción. De aquí en adelante, los dos máximos referentes de ese grupo relatan cómo ha sido la vida tras expulsión lila del profesionalismo. Los descargos de Gamadiel García “Seguí entrenando unos días con los juveniles de Concepción y después me vine a Santiago, esperando que saliera algo. En Audax Italiano me abrieron las puertas para poder entrenar con ellos. Estoy a la espera de una posibilidad de trabajo. Sigo lamentando mucho todo lo que pasó, en mi caso tuve que sacar a mis hijos del colegio en Concepción, confiando en que ellos lo van a tomar bien y, dentro de todo, sigan viviendo una vida normal. La desafiliación no la puedo aceptar, no puedo aceptar todo lo que nos pasó. Todo esto también ha sido muy desagradable para las familias, que pese a todo te apoyan y te siguen apoyando. Ellos reciben lo bueno, pero también lo malo. En mi caso, atrás tuvimos que dejar el colegio,a los amigos, tuvimos que asumir el costo. El plantel y sus familias han asumido el costo de la irresponsabilidad de otros. Durante estos meses hemos estado gastando la plata que no tenemos. En mi caso logré ahorrar, pero la gran mayoría no pudo, son meses sin sueldo, sin ingresos y las cuentas no paran. Tampoco he podido cobrar seguro de cesantía porque no he sido finiquitado. El ahorro se ha gastado en estos meses, uno no se puede proyectar. Además si te ofrecen algo es con sueldos bajos. Por ejemplo, quienes no tienen casa propia ¿cómo pueden irse a otra región con un sueldo de 300 o 400 mil pesos? Los más jóvenes, que no tienen capacidad de ahorro, han estado mucho peor. A pesar de su edad, también tienen familias detrás, ahora no pueden mantenerlas. Ha pasado el tiempo y nosotros hemos quedado en el olvido. Las noticias tienen su peak, pero el problema sigue igual y peor. Todos estuvieron con nosotros cuando esto reventó, pero todo ha empeorado y ahora nadie está. Vino la Copa América, pero lo de nosotros sigue. La noticia pasó y los responsables anda por ahí. Pero si a nivel país no se sanciona a los que se roban la plata, no va a ser distinto en el fútbol. Quiero seguir jugando, no descarto nada, pero asumo que está difícil, porque en el fútbol no se mide por tus capacidades, se te mide como un producto que le pueden pagar cieta plata y después lo pueden vender en un monto mucho mayor”. La frustración de Luis Alegría”Quedé de brazos cruzados con todo esto. Después de la desafiliación aparecieron algunas ofertas, pero se cayeron en el camino. He estado en Chillán trabajando en un proyecto de un amigo en unas escuelas de fútbol y he estado entrenando con el Sifup en Santiago. Lo que más lamento es que hicimos una buena campaña pero no nos sirvió de nada. Los futbolistas respondimos en lo deportivo pero al final terminamos pagando la consecuencias de los malos actos de otros. Ellos tienen empresas, negocios, inversiones, no les afecta lo que pasó con Concepción. Como jugadores, en plena crisis optamos por lo deportivo y logramos cosas importantes. Formamos una especie de familia y conseguimos entrar en una liguilla pese a todo. Nunca pensamos en la desafiliación, pero cuando ocurrió todo a los jugadores nunca nos dieron la cara, después tampoco. Ellos siguen con sus negocios, a nosotros nos deben hasta los finiquitos. Hicimos un grupo de Whatsapp y por ahí nos hemos ido comunicando y sabiendo qué pasa con los que estábamos en el plantel. En mi caso cuando salí de Concepción me vine con mi señora a Santiago a buscar una oportunidad y nuestros dos hijos se fueron a Antofagasta de vacaciones con sus abuelos. Tengo 35 años y terminé jugando bien en Concepción, pero no hay una valoración de eso. Yo siento que puedo seguir dando más, quiero seguir logrando objetivos, pero la gente que está a cargo del fútbol ve a los jugadores como un negocio. No pueden ofrecerte 400 mil pesos si estás hablando de un profesional con trayectoria. En ningún otro lado a un profesional con más de 10 años de experiencia le ofrecen eso. Están ofreciendo 500 mil pesos o 600 mil sin arriendo. Entonces para uno que tiene familia, moverse de región en región con ese sueldo no alcanza. Si en el puro arriendo de una casa se te puede ir más de la mitad ¿Qué pasa con el colegio de los niños? ¿Qué pasa con las cuentas? Quiero seguir jugando, es lo que mejor se hacer y sigo vigente”. GRAF/PS

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