Los abrazos, una lesión y las selfies: crónica del nuevo día cero de Mirosevic en la UC

El experimentado mediocampista vivió una jornada digna para su figura en su presentación como refuerzo de la Franja para la temporada 2016-2017. La idolatría para el Milo parece no tener precedentes en Católica.

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Por Pablo Serey Correa Fue el clímax de la semana más ajetreada de los últimos años en Universidad Católica. Sólo su presentación podía superar la sorpresiva renuncia de un presidente, la asunción de un timonel sui géneris, la presentación de un refuerzo extranjero y la venta del más promisorio de los futbolistas surgidos en casa. Sólo Milovan Mirosevic es capaz de eso y tal vez más. El viernes fue el día 0 de la cuarta etapa del Milo en su casa, San Carlos de Apoquindo. Fue la jornada de su presentación, pero fue algo más que eso. Fue el reencuentro con el lugar que califica como su casa, el mismo lugar del que fue despedido por José María Buljubasich hace dos años, el mismo que lo acompañó en este nuevo inicio. Un par de minutos después de las 14:00 el ex capitán de la Franja apareció en la sala de prensa del Complejo Raimundo Tupper en compañía del Tati y del nuevo presidente de Cruzados Juan Tagle. Conferencia de rigor marcada por las preguntas por sus sensaciones al volver y por su verdadero nivel deportivo a sus 36 años y tras un largo período sin jugar producto de una lesión. Ante una expectativa inusual en la precordillera por parte de la prensa, el ex Racing Club respondió con serenidad, menos cuando se le planteó que su fichaje se validaba más allá de lo deportivo, tal como lo había dicho un par de días atrás Juan Tagle para relativizar las declaraciones en las que el DT Mario Salas dejó en claro que futbolísticamente no tenía contemplado a Mirosevic. “Aún soy futbolista”, exclamó. Cerrada la atención a los medios, el campeón con los estudiantiles en el Apertura 2002 y en el Bicentenario 2010 se trasladó a los camarines de la cancha principal de San Carlos, pero antes la interrupción necesaria de un grupo de funcionarias de la UC. “Por fin Milo, tenías que volver. Que bueno tenerte aquí de vuelta”, le dijo una de ellas entremedio de un caluroso abrazo. Mientras tanto, hinchas de distintas edades lo esperaban desde la tribuna Sergio Livingstone entonando cánticos con su nombre y otros con críticas a la dirigencia. Barristas habituales se combinaban con cimarreros y oficinistas que de cuello y corbata aparecieron en el estadio. Los efectivos de seguridad se esmeraban por evitar salidas de libreto con los hinchas en la tribuna, mientras que el ídolo cumplía con el protocolo. Posar frente a las cámaras con la publicidad de los auspiciadores y con la gradería con un público en éxtasis. Su ademán de la franja en el pecho obviamente se hizo presente. “Domínala un poco Milo”, lo convidaban los reporteros gráficos para conseguir la mejor fotografía. Pero la pose ideal no llegó. Con una mueca de incomodidad y un dedo apuntando a su rodilla izquierda, Mirosevic reveló que su lesión no le dejaba ni siquiera hacer un par de juegos con la pelota. “Está bien con eso. No puedo hacer más”, dijo el futbolista tras levantar el balón un par de veces con la cabeza. Todo en orden, pero el protagonista de la jornada quería sentir de cerca el afecto de esos que según sus propias palabras fueron fundamentales para que se materializara el sueño de volver a Católica. Caos para los guardias y también para los camarógrafos que buscaban registrar esos exaltados momentos de Milovan con el público. Ahí quedaron inmortalizados los abrazos, firmas de autógrafos y sobre todo las numerosas selfies. Había que terminar. Ya se había cumplido con todo lo programado. El ídolo retrocedió unos pasos y con una bandera a cuestas miró con los ojos brillosos al público y agradeció con algunas palabras y llevándose las manos al pecho. Evacuó por el túnel del camarín local, ese mismo que volverá a ser su casa. Ese mismo que nunca ha dejado de ser su lugar en el mundo. GRAF/JR

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