Columna de la U: El amor en tiempos de las S.A.

Una crítica a la poca importancia que Azul Azul le entrega a la cantera de la Universidad de Chile, y que lidera el técnico español Edorta Murua hace 18 meses.

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Por: Rodolfo Vidal, colaborador de Asamblea Hinchas Azules Con la llegada de Jean Beausejour al cuadro azul, ya son tres los integrantes del actual plantel de honor con pasado albo, y para ser sincero, desde el inicio creo que no es un tema menor, sobre todo en un club donde la base del primer equipo siempre fue la de jugadores formados en casa. Basta con recordar al glorioso Ballet Azul, formado, básicamente, por jugadores que trabajaron durante más de una década juntos en la formación de lo que sería la época con mejores resultados a nivel local y que coincide con la que le permitió a la U ganarse el título de club “grande” en Chile. Con la derrota en Valparaíso, en el debut del torneo local, volvieron todos los fantasmas del paupérrimo torneo que vivimos el semestre pasado, y era que no, si con plantel renovado la U no fue capaz de superar a un rival con una crisis dirigencial y que casi no invirtió para éste torneo. Y es que para hacer un análisis de los malos resultados que vive la U con Becaccese, hay que ir un poco más allá del terreno de juego y ver como se ha construido un plantel en base a una descollante inversión monetaria para el ámbito local – en medio de un paro convocado por el Sifup, entre otras cosas, por la alta cesantía que viven los jugadores chilenos-, mientras se ha dejado de lado el patrimonio fundamentalista que debiese tener la cantera azul. Hace ya 18 meses se concretó la contratación de Edorta Murua (ex jefe técnico de divisiones menores del Athletic Club de Bilbao) con la finalidad de sacar jugadores que alimentaran constantemente al primer equipo. Podrá ser corto el lapso de tiempo para evaluarlo, pero a la luz está que tanto Becaccese como Heller no confían en el fruto que debiese empezar ya a dar el trabajo de Murua en la U, si no, no se entiende que un club que en los últimos dos años presentó pérdidas acumuladas por más de $3800 millones, haya tenido que recurrir a la billetera del presidente y máximo accionista de Azul Azul para prestar -por intermedio de una de sus empresas-, $2400 millones para invertir en el actual plantel. Claro, todo esto no sin antes cobrar una tasa de 0,65%. Nada es gratis en esta vida. Es entendible que un club como la U se quiera reforzar para la actual campaña e intentar ser nuevamente uno de los animadores del torneo, sobre todo después de varias campañas con discretas participaciones y en donde ha terminado en la medianía de la tabla de posiciones. Pero 12 refuerzos, con una inversión por sobre los 7 millones de dólares, parece ser algo desproporcionado para la realidad del fútbol chileno, y mayor aún tomando en cuenta que el año pasado, la directiva azul haya tomado la decisión de aumentar el presupuesto en 2,5 millones de dólares para la series menores del club. Algo contradictorio por decirlo de alguna forma. Este golpe bombástico -como lo ha catalogado la prensa – viene sólo a tapar el inexistente proyecto deportivo que debiese tener la concesionaria para con el club. No se entiende que un club que construyó uno de los centros deportivos mejor equipado del continente, con más de 8 canchas para sus divisiones inferiores, tenga que estar tapando las malas decisiones deportivo-administrativa con auto préstamos de dinero de su presidente, dicho de otra forma, pasando plata de un bolsillo a otro. Mientras, que los pocos jugadores formados en la huestes azules que hoy en día juegan en primera A, terminan siendo los refuerzos de los archirrivales, como es el caso de Christian Bravo en Católica y Valber Huerta en Colo Colo. Y sí, efectivamente el fútbol cambió con la llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), hoy más que nunca no cabe duda que el fútbol es un negocio. Ya no se cuestiona el haber crecido futbolísticamente en una institución y el día de mañana ser el refuerzo del archirrival simplemente porque puso más dinero sobre la mesa. Difícilmente se puede hacer algo contra eso, sobre todo cuando hoy en día los jugadores son manejados y asesorados por representantes que velan por su interés económico. Pero instituciones como la U, que históricamente basó su plantel en jugadores formados en casa, parece haber perdido el rumbo en ése horizonte. La U siempre fue más que un equipo de fútbol, el nexo que tuvo con la casa de estudios lo hacía ser un club distinto, un club que no solo formaba jugadores buenos para la pelota, formaba también personas, a sus jugadores se les enseñaban valores, todo ello era parte de la formación de un jugador. Por eso en la U jugadores como Johnny Herrera son tan queridos por la fanaticada, porque puedo poner las manos al fuego, sin temor a quemarme, que jamás jugaría por la contra. Por eso Carlos Campos es probablemente el jugador más importante en la historia del club, porque aparte de ser el goleador histórico del club, prefirió dar fin a su carrera como futbolista profesional antes de vestir otra camiseta que no fuese la de la U roja en el pecho. En tiempos modernos, en el fútbol moderno, es difícil pensar en que los jugadores vistan solo una camiseta durante su carrera, Totti de la Roma es un lindo ejemplo de ello. Pero la formación de un jugador es mucho más que enseñarle a correr sin balón, a los jóvenes se les forma con valores, se les enseña y se les inculca el respeto hacia la camiseta, hacia el club, hacia la gente, que es la que al final de toda ésta cadena termina dándole vida a éste deporte, y permitiendo que mucho de ellos ganen sueldos millonarios que muchos de nosotros en 5 vidas ganaríamos. GRAF/DE

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