Columna de la U: Érase Una Vez Un Club Con Identidad

"Es momento de despertar del mal sueño y enfrentar la pesadilla: nos estamos muriendo, nuestra identidad se desvanece como papel picado en el viento"

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Andy Zepeda Valdés, presidente Asociación Hinchas Azules El Club de Fútbol Universidad de Chile solía detentar con orgullo una cierta identidad. Solía además ser una inagotable matriz forjadora de valores e ideales, preocupada siempre del proceso formativo que situaba esos valores e ideales en las más profundas raíces del alma del combatiente azul que, llegado el momento, defendería ese color en la cancha. Pero algo pasó en algún punto de la historia (allá por el año 2007, más o menos). Tras ese algo la “U” pasó a convertirse en una empresa interesada ya no en el proceso, sino solo en el producto final. Pasamos de formar jugadores profesionales de fútbol integrales a producir muchachos con un nivel de técnica aceptable para ser transados a buen precio en el mercado, cual mercancía. Fue así como nos fuimos quedando vacíos. ¿Qué fue del sueño de Erasmo Arellano, Juvenal Hernández, Víctor Sierra y Luis “El Zorro” Álamos? ¿A qué abismo fue a dar la visión de los que, en distintas épocas y desde distintos ámbitos, forjaron a esa “U” valiente y combativa? ¿Qué queda hoy del Ballet Azul -el mejor equipo chileno de todos los tiempos? ¿Qué fue del amor incondicional al escudo? ¿Qué pasó con el guerrero defensor de toda una historia de gloria ataviada al pecho por medio de una insignia? El jueves recién pasado, en la Super Copa que regalamos, había en las huestes azules tan solo dos jugadores que la “U” formó: Yerko Leiva y Johnny Herrera. Otros, como Lorenzetti, Rodríguez y algún otro, sin duda llevan a la “U” por detrás de las costillas y cerquita del corazón, pero ¿y los demás? Simples empleados a quienes la derrota pareció no dolerles tanto, porque el cheque atiborrado de millones lo cobran igual a fin de mes. Tipos a quienes la vergüenza deportiva y el pundonor se les perdió entre algunas de las varias páginas de sus millonarios contratos. Había, de hecho, más jugadores con pasado en Colo Colo que formados en la “U” vistiendo de azul esa noche. Todos jugadores muy profesionales, sin duda, pero para quienes el azul es solo un color más y no la vida misma. ¿Me duele haber perdido un título a manos de un archirrival histórico? Por cierto que sí. Sin embargo, como hincha de la “U” tengo dolores más profundos y la sangre se me escapa por otras heridas. Como hincha que entiende el fútbol como algo más que un deporte, cargo con cruces más pesadas. La verdad es que perder un título parece solo una mala anécdota si la comparo con el drama de que me hayan cambiado mi CLUB por una empresa. Perder una final es nada cuando miro un poco más lejos que eso y constato que mi amada Universidad de Chile se desmorona y pierde año a año su identidad y sus valores. Perder una copa me da rabia, vaya que sí, pero ver cómo han despedazado las raíces y simientes del club me produce una tristeza infinita. El otro día compartía impresiones sobre esto con un conocido y su conclusión fue que yo exageraba. Y es que claro, desde la óptica exitista y enfocada en los resultados todo se soluciona con traer otro DT, contratar algunos jugadores que sí la mojen y que rindan. Con eso el buen juego debería volver y todo se arreglaría. Desde esa óptica, la “U” del 2011 debe haber sido lo máximo. Pero no se trata solo de los resultados, no se trata solo de los títulos. Cómo hincha de la “U” y heredero de un legado, me siento obligado a creer que, ya sea que se encontremos la victoria o el fracaso, la manera en que lo hagamos importa; y mucho. Si hubiésemos ganado el jueves la Super Copa, aunque fuese casi por casualidad, ¿lo habría celebrado? Por supuesto. Pero habría valido mucho más si el triunfo lo hallaran once leones que defendieran en cancha todos los valores e ideales en los que yo creo. El mal momento de Universidad de Chile tiene responsables, qué duda cabe. Pero basta de buscar desesperadamente nombres, cuando el real responsable es el modelo, la concepción del fútbol como un mero negocio. Y basta ya de creer que nuestro principal problema es que estamos jugando mal cuando nuestro verdadero gran problema es que no tenemos un club. Es momento de despertar del mal sueño y enfrentar la pesadilla: nos estamos muriendo, nuestra identidad se desvanece como papel picado en el viento. Pero no todo está perdido. Queda tiempo aún. Soy un convencido de que mientras queden hinchas azules con memoria y sangre caliente en las venas para librar las batallas que haya que librar, es posible recuperar lo he hemos perdido y volver a ser verdaderamente grandes. GRAF/GL

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