Columna de la UC: Los clásicos se ganan (y se viven)

"Discusiones perdidas y alargadas en el tiempo sin un ganador definido, lo cierto es que los partidos contra Colo-Colo han tenido un condimento especial"

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Por Mario Palominos – @MarioPalominosCMedio partidario Frecuencia Cruzada Twitter: @FrecCruzadaFacebook.com/FrecuenciaCruzadaSoundcloud.com/FrecuenciaCruzadaIssuu.com/FrecuenciaCruzada Muchas veces el típico cliché del fútbol indica que “los clásicos no se juegan, se ganan”, una frase que puede indicar muchas reflexiones, desde lo que significa ganar hasta incluso si es un partido clásico. Discusiones perdidas y alargadas en el tiempo sin un ganador definido, lo cierto es que los partidos contra Colo-Colo han tenido un condimento especial, sobre todo de los años 90 en adelante -y finales de los 80 incluso- en el que muchas veces ambos equipos se han encontrado disputando campeonatos palmo a palmo o alguna fase de una copa internacional. Por tanto, si tenemos una especie de bosquejo que describe este tipo de partidos: partidos importantes que se viven con la emoción a tope. El efecto se multiplica cuando ha sido en nuestro estadio, y es que apenas se han jugado 7 clásicos en San Carlos de Apoquindo, pero el ambiente ha sido una caldera y los hinchas hemos hecho valer la localía. Inevitable son los recuerdos de esos memorables partidos. El primero de todos, bajo un clima enrarecido por el paro de futbolistas convocado por el Sifup, Católica en el año 1997 goleaba 4-1 a Colo-Colo de la mano de sus juveniles, la eterna promesa Rodolfo Moya despachó dos golazos para el primer triunfo en nuestro actual estadio. Tuvieron que pasar 14 años para volver a ver a La Franja triunfar (pasaron 13 años sin que se jugara en la precordillera) para que este importante partido volviera a nuestra casa, un inapelable 4-0 con dos goles del gran Milovan Mirosevic traían de vuelta la alegría de vencer a ese rival en nuestra casa. La última, aquella tarde nublada inolvidable de mes de Octubre el año pasado, cuando creían que nos habían dado en el suelo con un empate a último minuto, el Pájaro Gutiérrez sacó su último canto, en el último segundo y la alegría estalló. Alegría, desahogo y revancha: emociones que nos ha tocado vivir intensamente estos últimos meses y que queremos seguir prolongando. Todas estas vivencias recién descritas, sólo reflejan el sentimiento cruzado en partidos como este. Un partido frente a un rival al que siempre queremos ganarle, en un escenario que es nuestro y que nos hacemos sentir con bravura y respeto (aunque algunos medios de comunicación quieran imponer otra imagen). Tenemos con qué dar el golpe, creamos en este equipo que nos pueda seguir brindando alegrías, tal como pudieron darla esos juveniles del 97′, esa UC de Mario Lepe comandada por el Milo o la celebración descontrolada de Gutiérrez el 2015 con Mario Salas girando en el pasto de San Carlos. Sigamos haciendo sentir nuestra localía con el aliento que nos caracteriza, donde hemos disfrutado al ciento por ciento estos partidos. Los clásicos – o partidos importantes- se ganan, pero también se viven y a mil revoluciones. No dejemos nunca de creer en nuestro equipo, no dejemos nunca de disfrutar ser Cruzado. GRAF/PS

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