Columna de la U: Karma

¿Qué habríamos hecho los que amamos la U para merecer ello que últimamente nos ha venido sucediendo? Es la pregunta que se contesta en las próximas líneas.

Por

Por Pablo Yáñez Mena

Asamblea Hinchas Azules

Me atrevería a decir que el 100% de los que amamos a la U recorrimos las distintas facetas del duelo al presenciar la lesión de Jonathan Zacaría el domingo 4 de diciembre; negación, ira, tristeza. ¿Por qué a nosotros?, ¿por qué de nuevo?. ¿Cómo puede ser que nos desvivimos tan noblemente por este sentimiento y somos retribuidos de tal manera por el destino?.

En cuanto a los hechos no hay controversias: Zacaría venía siendo el más desequilibrante dentro de la cancha el último mes, período que tiene a la U como único invicto en el torneo, junto a aquella otra universidad santiaguina famosa por la práctica del fútbol profesional. Encarador, pichulero, quitado de bulla, goleador. La U parecía haber encontrado el equipo y durante el primer tiempo en Temuco ello resaltaba a la vista, más aún con el regreso del talentoso Felipe Mora como 9 y un Beausejour que por primera vez vistiendo la gloriosa camiseta azul saldría aplaudido de la cancha. 2-0 y podría haber sido más.

Entonces vino el segundo tiempo. Para ser honesto, no he visto otra vez la repetición de la maldita jugada, solo vi el gesto de todos los jugadores una vez estaba Zacaría en el suelo y supe que era grave. Cerré los ojos. Escuché fractura expuesta. No quise abrir mis ojos. Pensé en muchas cosas, desordenadamente, pero luego se fijaron mis ideas en un concepto, un odioso concepto: Karma.

Según las religiones del lejano oriente asiático el Karma es un principio cósmico de retribución, de causa y efecto. Refiere a la rueda de reacciones, entonces, que va desplegándose a lo largo de las diferentes reencarnaciones que sufren los seres, quienes atravesaran situaciones de bonanza de merecerlo y sufrirán desdicha si no. Por supuesto la doctrina cristiana no avala esta idea, considerando que no cree en la reencarnación, sin embargo la noción del juicio final parece similar; una vez llegado el final de la vida habrá una evaluación de los actos cometidos y entonces se viajará al cielo o al infierno.

Me puse a pensar entonces en qué habríamos hecho los que amamos la U para merecer ello que últimamente nos ha venido sucediendo, tantas malas decisiones empresariales, tantos rebotes rebotando hacia el lado equivocado, tantas lesiones evitables. Pareciera ser que colectivamente debemos mucho, que cargamos con un karma negativo tremendo, como si todos los que amamos la U en vidas pasadas hubiéramos sido individuos nefastos.

Luego me tranquilicé y encontré consuelo en lo mismo que nos consuela día a día. La verdad es que somos un grupo humano tremendamente afortunado de sentir que se nos va el alma con cada pelota, de tener la capacidad de ver su vida transitar por enfrente de sus ojos con la lesión de un jugador. ¿Cuántas personas tienen la suerte de amar tan desinteresadamente? ¿Cuántos tienen la capacidad de engendrar reflexiones significativas a partir de hechos aparentemente banales?. No eres lo único, eres todo, se dice por ahí. La U son todos los momentos vividos siguiéndola, todas las personas que se llega a conocer, todos los actos que se acometen en nombre de la camiseta o sus valores y también todas las ocasiones en que se le explica que uno es fanático a la gente que se cruza en la vida, en todos los espacios rutinarios de la vida.

Estas nociones nos sitúan muy cerca de los conceptos teológicos que se han pincelado en esta columna. ¿Acaso los filósofos en el futuro mirarán hacia atrás y considerarán al bullanguerismo como otra doctrina?. No es tema para este espacio el incurrir en discusiones de esta semejanza pero simplemente para echar a rodar la bolita plantearé una idea, a ser masticada por quienes lean esto: Ojalá todos y todas los habitantes de este planeta consigan en algún momento de su vida encontrar aquella identificación que les regale tanta intensidad, reflexión y compañía, tanta completitud.

Ojalá todos puedan amar alguna idea colectiva de manera tan desinteresada como nosotros amamos a la U.

GRAF/DE

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