Columna de Colo Colo: Copa Chile querida...

El Cacique se juega este miércoles una final que puede marcar el rumbo del 2016 y la siguiente temporada.

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Por: José Miguel Sanhueza (@albohemio)
Twitter: Colo-Colo de Todos (@colocolodetodos)

Este miércoles a las 20 horas las almas de todos los colocolinos de Chile y el mundo estarán puestas en el verde césped del Estadio Nacional. Se nos viene la final de la Copa Chile contra el disciplinado e interesante conjunto de Everton. Un desafío que no será fácil, pero al mismo tiempo una hermosa oportunidad para alzar al cielo un trofeo que nos ha sido esquivo por largos veinte años. Y con ello, también es una oportunidad para cerrar con un broche de oro y una merecida alegría un año 2016 en el que, en materia futbolística, han sido más los bajos que los altos.

Es imposible remontarse al primer semestre de este año y no recordar aquellos tres tiros en los palos contra Independiente del Valle, que marcaron el corolario de una decepcionante eliminación de la Copa Libertadores, sumado a la increíble pérdida del título luego de ir 6 puntos arriba del equipo que acabaría alzándose con la corona.

Estos fracasos (está bueno irle perdiendo el miedo a esta palabra) terminaron por hacer insostenible el ciclo técnico de un Coto Sierra que supo ser referente y defender con honor esta camiseta como jugador, y no se merecía un final así. Un final marcado por la deshonestidad, tacañería, mala fe y cortoplacismo tan propio de ByN en general y de Aníbal Mosa en particular, quien prefirió dedicarse a “aburrir” al DT para no pagarle, y malgastar con ello dos valiosos meses de trabajo.

¡Y cómo no pensar en esos meses perdidos habiendo visto la evolución del equipo bajo la batuta de Guede!. Colo Colo fue capaz de levantarse y remar hacia adelante luego de una primera mitad de campeonato que solamente puede ser calificada como desastrosa, donde mirábamos con preocupación la parte más baja de la tabla, y con indignación los goles impropios de un equipo profesional que nos tocaba recibir partido a partido.

Pero de a poco el equipo fue evolucionando. Los jugadores fueron asimilándose física y tácticamente a la idea del DT. Y al mismo tiempo, este supo también adaptar su idea a los jugadores, afirmando la defensa, bajando un cambio, construyendo un mayor equilibrio, pero sin transar la idea de búsqueda permanente del arco rival y despliegue durante los 90 minutos de partido. Vinieron un par de triunfos claves, entre ellos imposible no pensar que “nos faltó campeonato”. Más aún habiendo sido claramente superiores en los cuatros partidos en que nos enfrentamos este año con el flamante bicampeón del fútbol chileno, donde sólo pudieron arrancarnos un punto de locales gracias a aquel penal a Buonanotte que sólo existió en la mente de Eduardo Gamboa.

Dato que alimenta el optimismo de cara al 2017, pero que indudablemente es pobre como consuelo para este año. Pero no. No nos faltó campeonato: le sobró cortoplacismo a la Sociedad Anónima que tiene secuestrado a nuestro club, y al presidente que hoy la encabeza. Hay que ser todo lo majadero que sea necesario en aquello, porque es la verdad. Son los únicos responsables de que Colo Colo se haya farreado casi tres meses de trabajo durante el largo receso de Copa América con lo que, sin duda alguna, otro gallo cantaría.

Pese a todo lo anterior, nos merecemos ganar la Copa Chile. Se lo merece este grupo de jugadores. Se lo merece este cuerpo técnico. Se lo recontra merecen los socios e hinchas que día a día se organizan, levantando la Cooperativa Vámonos Quiñones, consolidando las filiales a lo largo de todo Chile, parando escuelas, campeonatos, y tantas otras iniciativas orientadas a la recuperación de Colo Colo para su gente. Se lo merecen las Albas que en menos de un semestre ya pasean también orgullosas el indio en el pecho por la primera división del vóleibol chileno.

Nos lo merecemos los hinchas que nunca hemos dejado de estar. Los que hemos alentado todo el año desde Arica a Magallanes. Los que dentro y fuera del Monumental rendimos el más hermoso homenaje al entrañable Chapecoense frente a la terrible desgracia que ningún amante del fútbol podría desearle ni a su peor enemigo. Y por sobre todas las cosas, se lo merece toda la mitad más 1 del pueblo chileno, que tanto ha sufrido este año como todos los otros, y vaya que merece que el club de sus amores le brinde una alegría para cerrar el año.

Quizá para algunos hoy la Copa Chile parezca un “premio de consuelo”. Pero no olvidar que no la ganamos desde hace 20 años, cuando la pierna derecha de Tito Tapia emergió sigilosa en medio de la tole tole para poner el 1-0 contra Rangers que nos permitió alzarnos con el trofeo y alargar los festejos del Campeonato Nacional de aquel año que sólo días antes habíamos ganado contra Audax Italiano. Festejos que sentaron las bases del recordado Colo Colo de Gustavo Benítez que un año más tarde nos supo ilusionar con besar a la gran novia de América por segunda vez en nuestra historia.

Le debemos respeto a esta Copa. Se lo debemos también a quien será nuestro rival, ese respeto que David Arellano nos enseñó. Y sobre todo, se lo debemos al pueblo colocolino. A todos los que alentarán en el estadio, frente a un televisor, pegados a una radio, o desde el cielo. Todos nos merecemos cerrar con un broche de oro este 2016, y sentar las bases de la esperanza y la ilusión para este 2017. Nos merecemos que se haga realidad ese viejo cántico noventero que empieza con “Copa Chile querida” y termina profetizando “¡que el cacique no para!”. ¡Vamos Colo Colo!.

GRAF/FLB

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