Entrevista con Ubaldo Fillol, el "1 del pueblo"

A 35 años del primer mundial ganado por la Albiceleste, el portero titular de aquel plantel rememora anécdotas del equipo que encandiló al mundo entero.

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Frente al francés Dominique Rocheatu durante el Mundial de Argentina 1978. Atrás lo mira otro peso pesado: Daniel Passarella / afp

Por Daniel Sebeckis, desde Argentina

El pequeño café ubicado en  Maipú y Viamonte, en el centro mismo del Gran Buenos Aires, recibe a algunos clientes que a esa hora abandonan sus lugares de trabajo. Son las 6 de la tarde de un día laboral cualquiera en la capital federal y muchos, como casi todos los argentinos, pasan a tomarse un café antes de enfilar rumbo a sus hogares y se largan a charlar de política y, sobre todo, de fútbol. Es en ese momento cuando entramos con Ubaldo, el Pato Fillol a ese pequeño café para realizar la entrevista y los pocos comensales lo reconocen inmediatamente, lo felicitan, hablan con él y se sorprenden al ver a uno de los mejores arqueros de toda la historia del fútbol argentino frente a sus ojos.

Nos sentamos en la barra del café. El Pato lo prefiere así, de ese modo puede saludar al dueño del local y a otras personas que se acercan a escuchar a Fillol mientras conversa con El Gráfico Chile. Mal que mal, el Pato es cliente recurrente de ese local, al encontrarse próximo a la Radio Nacional, emisora en la cual Fillol tiene un programa todos los días en la tarde.

El “expreso chico” que pide el Pato le sirve casi como un golpe anímico para hablar acerca del que él mismo recuerda como “el momento más feliz de mi vida”, el haber levantado la Copa del Mundo esa noche del 25 de junio de 1978 en el Estadio Monumental de River.

“El tiempo ha pasado, no se si lento o rápido pero ha pasado. Pero al fin y al cabo son 35 años, es mucho tiempo, pero me ayuda mucho el recuerdo permanente que tienen todos los argentinos de esa conquista. Siento mucho orgullo de haber formado parte de aquella selección”, comienza narrándonos el Pato sobre lo que siente él al mirar hacia atrás y recordar aquella gesta histórica para el fútbol argentino, la primera vez que la Albiceleste levantaba la Copa del Mundo.

Imagino que debe ser un orgullo haber ganado ese Mundial, más aún habiéndolo hecho de local, siempre a estadio lleno y con todo el aliento de los argentinos.

Fue único. Yo jugué tres mundiales y dos de ellos fueron lejos de casa, y la verdad es que no es lo mismo. Sentir el aliento en cada rincón y salir a la cancha a jugar un mundial en tu país es algo que no se puede describir. Eso fue algo muy importante que nos ayudó a ganar ese campeonato.
Ustedes sabían que no se les podía escapar la posibilidad de ganar ese Mundial, luego de no haber cumplido buenas campañas previas en otros mundiales y, además, por el hecho de jugar en casa.

Nosotros teníamos la confianza de que podíamos lograr algo grande. Pero al mismo tiempo sabíamos de la responsabilidad que significaba el jugar de local, ya que la presión era mucho mayor. En ese momento eramos 25 millones de argentinos y todos ellos dependían de nosotros, el país vivía en torno a nosotros y eso obviamente nos llegaba. La expectativa que había de que fuéramos campeones del mundo era enorme y nosotros lo sabíamos porque estábamos adentro de todo ese ambiente, era casi imposible excluirse de todo aquello.

¿La parte mental en ese momento jugó un factor determinante?
Sin duda. Nosotros éramos un grupo muy cohesionado, y eso más que lograrlo el técnico César Luis Menotti lo hizo Rubén Pizzarroti, que era el preparador físico. Él fue el hombre que nos ayudó a mantenernos concentrados y cohesionados como grupo, él tenía muy arraigado el concepto de “jugar en equipo”. Rubén nos daba las charlas motivacionales más profundas y el Flaco (Menotti) las arengas previas al partido y las charlas técnicas de cómo iba a funcionar el equipo. La mezcla de ambos era muy útil para nosotros y nos ayudó mucho para mantenernos muy fuertes.

¿Qué tenía esa selección argentina de 1978 en particular que la llevó a ser campeona del mundo?
Esa selección tenía algo muy especial, y era que no había un líder o una figura que destacara por sobre los demás. Lo más importante era que el emblema éramos los 11 que entrábamos a la cancha, eso hizo que confiáramos en nosotros y que pudiéramos llegar a levantar la copa. Es verdad, teníamos unos monstruos como Daniel Pasarella, Daniel Bertoni o Mario Kempes, pero en la cancha todos éramos uno y nadie sobresalía por sobre el resto.

La confianza en que aquel equipo podía lograr algo grande, Fillol comenzó a palparla días antes que empezara el Mundial. “Te voy a contar una anécdota. Un mes antes del Mundial se me acerca un equipo de periodistas de la televisión española en el lugar donde nosotros entrenábamos y concentrábamos. Yo charlo con el periodista y me hace varias preguntas acerca de cómo estaba el equipo para enfrentar este Mundial. Después de todas esas interrogantes me hace la última: me preguntó quién iba a levantar la copa en 30 días más, y yo, muy serio, le contesté “nosotros, nosotros vamos a ser campeones del mundo”. El periodista se largó a reír y le dije que parara la entrevista. En ese momento me di cuenta que realmente nosotros podíamos ser campeones”, comenta el Pato, recordando los días previos de la cita mundial.

Tampoco olvida el Pato el contexto en el cual se disputaba la Copa del 78. La dictadura que gobernaba el país por esos días, al mando de Jorge Rafael Videla, generaba un clima tenso en torno a aquel equipo y al campeonato mismo. Y eso Fillol lo vivió en carne propia.

“Nosotros jugábamos al fútbol y no hacíamos política. Nos pasó como pasó con todos los argentinos en ese momento”, y agrega, “el único dolor que tenemos nosotros es que se haya empañado esa conquista histórica por culpa de la política, o que metan la política entre medio, en el sentido de que esa victoria se usó para que los que estaban en el poder siguieran haciendo cosas a espaldas del pueblo”.

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