Tres cosas que la Premier League nos ha enseñado esta semana

Manuel Pellegrini tiene que resolver la bipolaridad de su equipo en los partidos como visitante

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Por Alexander Korab, metro World News, desde londres

Al fin aprender trae recompensas
Comenzó como un thriller de Hitchcock con un terremoto, y terminó como “Iron Man” con demasiadas explosiones para contar. El derby de Liverpool, que terminó 3-3, es hasta ahora el mejor partido de la temporada y dejó a todos los fanáticos con la sensación de querer otros 90 minutos más.

Lo impresionante es que el espectáculo no fue fantástico sólo gracias a los sospechosos habituales, como Steven Gerrard, Luis Suárez o Leighton Baines, que jugaron increíble como de costumbre, sino también porque los jugadores jóvenes hicieron frente a este partido histórico. Coutinho, Jon Flanagan, Gerard Deulofeu, Josh Stones, más los imparables Ross Barkley y Romelu Lukaku todavía no tienen ni 21 años.

Me quito el sombrero ante los dos técnicos, que fueron suficientemente valientes como para arriesgar sus carreras en la liga en tan corto plazo y traer ese espíritu joven e intransigente al juego. El más emocionante de estos niños es el belga Lukaku, que recibió el apodo de “Tank” (Tanque) por su juego físico dentro del campo, aunque fuera de él es un tipo suave. Él odia las fiestas, tiene una licenciatura en turismo y habla holandés, francés, portugués, español, Klingon e inglés y también entiende alemán. ¿Por qué un millonario prodigio pasaría tanto tiempo en este tipo de actividades tan molestas como la escuela ? “La educación es muy importante en Bélgica y si no te va bien en la escuela durante la semana, no se podía jugar al fútbol el fin de semana”. Pues bien, en nuestra época era lo opuesto, por eso ustedes y yo, mis lectores bien educados, no nos convertimos en futbolistas de clase mundial. ¡Maldito seas, Zeitgeist!

Dr. Jekyll, Sr. Pellegrini
“Al menos hicimos feliz a Chile”, dijo mi compañero de oficina, un fanático del Tottenham, tratando de desviar la atención y sabiendo que voy a repetirles eso a mis lectores chilenos después  de la goleada 6-0 recibida ante el Manchester City.

Buen intento, pero eso no nos impidió poner la canción “6 Little Ducks” (6 pequeños patos), discutir en voz alta el último episodio de “SIX Feet Under ” y decirle cosas como que los insectos tienen 6 patas o que 6 es el número de la suerte en China (y ahora también en Manchester). Esa es la especie de bullying que cada fanático en Inglaterra debe soportar en la oficina, pero desafortunadamente le ha ocurrido demasiado a menudo a nuestro amigo esta temporada.

En la vereda contraria, el City parece que puede vencer a cualquiera en el mundo. “Era imposible jugar mejor que hoy”, admitió el técnico Manuel Pellegrini después del partido. Bueno, en primer lugar nunca digas nunca Manuel, y segundo, que la simple lógica dice que es muy posible que el City pueda jugar peor, sobre todo fuera de casa. Con algunos de los mejores jugadores del mundo como Kompany, Toure, Agüero (¡que ha marcado más goles en esta temporada que el Tottenham!) y Negredo anotando en el primer y últimos segundos del partido, el City tiene la cualidad de destronar al Barcelona y al Bayern, pero primero el chileno tiene que resolver la bipolaridad de su equipo en los partidos como visitante. ¿Qué tal invertir en pastillas contra el mareo ?

Pensar está sobrevalorado
El derby de Liverpool no podría haber sido tan fantástico si tan sólo el árbitro Phil Dowd hubiese hecho su trabajo correctamente. En la primera mitad el jugador del Everton Kevin Mirallas intentó romperle la pierna en pedazo a Suárez justo enfrente del juez. Sus toperoles incluso le dejaron marcas rojas en la rodilla a Suárez que curiosamente parecían el mordisco de un vampiro. Dowd no expulsó a Mirallas y eso sorprendió incluso a los jugadores de Everton. Su decisión ha negado la lógica y el sentido de la justicia, pero no destruyó el espectáculo y permitió que los 11 hombres por equipo atacaran hasta los últimos segundos del partido. Lo mismo sucedió con el árbitro que no expulsó a Wayne Rooney por la peligrosa jugada contra el jugador del Cardiff Jordon Mutch o a Gary Medel por el golpe a Marouane Fellaini. Lo opuesto ocurrió en el  partido entre el Stoke y el Sunderland, donde el árbitro expulsó a Wes Brown por una entrada perfectamente buena. La decisión hizo que Gustavo Poyet se enojara tanto que a pesar del   frío tomara su chaqueta y la tirara al pasto. Aparte de darle frío a la gente, los hombres de negro son como la segunda parte sugiere, sólo hombres. Pero hoy en día están siendo observados por docenas de cámaras y millones de fanáticos. En los viejos tiempos la frase “el árbitro estaba más cerca” terminaba con cada argumento acerca de una decisión dudosa, pero ahora nosotros estamos más cerca que el árbitro. Sería bueno darles un poco de ventaja:  ¿qué hay de Google Glasses para empezar? Lo que me llamó la atención en los casos de Mirallas y Brown es que los árbitros no tomaron las decisiones al instante, sino que se tomaron mucho tiempo para pensar en ello. Es un buen argumento que nuestras primeras reacciones instintivas en su mayoría son buenas y que tendemos a pensar más de la cuenta las cosas simples.

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