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"Algunas obras para el Mundial simplemente ya no alcanzaron a construirse”, dice la comentarista de DirecTV.

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“Algunas obras para el Mundial simplemente ya no alcanzaron a construirse” / AFP

Por Soledad Bacarreza

Que ni los aeropuertos ni las mejoras viales estarán listos para el Mundial de Fútbol. Que los atrasos para Río 2016 son los más severos en los últimos 20 años –es decir, de los últimos cuatro Juegos Olímpicos- y que el caos de tránsito, público y venías de competencia a medio terminar será la tónica de los dos eventos deportivos más grandes que se vienen. Valga la redundancia, se veía venir. No hace falta ser general después de la guerra: otorgar dos eventos tan inmensos a un solo país que no estaba ni medianamente preparado, y sobre todo los Juegos Olímpicos, fue un error del cual habrá pocos arrepentidos.

Algunas obras para el Mundial simplemente ya no alcanzaron a construirse, se les derrumbó un cuarto de estadio con víctimas fatales –cosa menos grave para Pelé, quien está mucho más preocupado de las pocas entradas internacionales que se habilitarán- y lo último, una huelga de los trabajadores del sector de Barra que exigen mejores sueldos. Los corrieron a balazos. No se sabe dónde estará el centro de prensa ni el IBC  –lugar desde donde se emiten las señales- en circunstancias que para otras ediciones de Juegos Olímpicos, a estas alturas, los canales de TV ya habían comprado hasta los muebles de sus oficinas.

El agua de Guanabara, donde se realizarían pruebas náuticas, está contaminada, la cancha de golf no se ha terminado y peligra el torneo. Carlos Nuzman, presidente del Comité Organizador debía presentarse en Turquía para rendir cuentas ante el COI reunido en ese país, pero en su representación, se cree que mandará un video. Ocupado debe estar tratando de conseguir una nueva acreditación del laboratorio antidopaje que perdieron ante la AMA, y repitiendo una y otra vez la consabida premisa de que organizar unos Juegos Olímpicos es más complejo que la Copa del Mundo, porque son 28 torneos mundiales simultáneos. ¿Sabrá que el presupuesto original de US$ 205 millones saltó a 480 para el estadio del partido inaugural en Sao Paulo? Por empezar a conversar de los problemas del Mundial también.

Y así, se van conjugando dos resultados distintos, generados por el mismo punto de origen: la corrupción. Desde la extravagancia y boato de Sochi 2014, donde se estima que el costo total del desfalco llegó a los 18 billones de dólares, a la improvisación de Río 2016, donde lo prometido apenas se cumplirá a medias; donde el legado de los Panamericanos del 2007 fue inexistente a pesar de quintuplicar el presupuesto original de 177 millones de dólares, y donde claramente se otorgó una sede por los intereses económicos de algunos miembros del COI más que por ser la mejor candidatura. El entonces presidente del organismo Jacques Rogge, quiso ser el primero en llevar los Juegos a “un continente donde el COI no ha explorado”, en circunstancias que el mismo Rogge había asegurado el año 2002 que Sudamérica debía olvidarse de organizar Juegos Olímpicos en las próximas dos décadas.

Vuelta de chaqueta apenas siete años después y Río entró a la recta para ser elegida sede pese a ser la peor evaluada de las cinco ciudades finalistas. Un proyecto sustentado en ese entonces sólo por bellísimas diapositivas y que hoy está pagando las consecuencias de la ambición. A dos años de Río, cuando ya se repartieron los dólares dejados por las sedes derrotadas –Madrid por lejos la más golpeada- los derechos de televisión, los acuerdos económicos asentados entre Estados Unidos y Brasil, quienes se apoyarían mutuamente en caso de ser eliminado Chicago o Río para la terna final, todos parecen haber agarrado su pedazo de la gran torta olímpica, menos Río de Janeiro. Porque los impactos urbanos de las obras están siendo mal evaluados, porque la ciudad lucha contra una inflación escandalosa, porque ni la mitad de lo prometido en el power point pudo ya cumplirse.

La pregunta es si el COI puede darse el lujo de otorgarle su máximo producto a dos ciudades que no estaban preparadas para tal organización, Atenas 2004 y Río 2016, en tan pocos años, sin comenzar a destruir su propia gallina de huevos de oro.

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