El otro Elías Figueroa que lucha contra su adicción al alcohol

El delantero que una vez fue la gran promesa del fútbol uruguayo y que consiguió dejar a Luis Suárez en el banco, hoy vive una lucha personal para intentar volver al fútbol.

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Figueroa disputa el balón con Matías Sánchez (Argentina) durante el Sudamericano Sub 20 de 2007 / AFP

El Gráfico Chile

Dejó al mismísimo Luis Suárez en el banco, entrenó con el Chelsea, jugó dos mundiales juveniles y es amigo de Edinson Cavani. Era una de las grandes promesas del fútbol uruguayo pero hoy vive una realidad muy diferente, pues lucha día a día con su adicción alcohol.

“Si hay algo de lo que me arrepiento es de todas las ventajas que di como jugador. Tomaba vino cortado, en caja, cerveza, mucha cerveza. Eso me mataba. Estaba muy hinchado y me ahogaba enseguida. No podía correr. El alcohol hace muy mal”, reveló Elías Ricardo Figueroa a El Observador de Uruguay, quien en 2013 ya en mal estado físico tuvo un paso por Huachipato.

“Mi sueño era llegar a Montevideo y jugar en Primera División. Estoy agradecido con Liverpool para toda la vida y me quiero retirar jugando ahí, pero la frustración de todas las transferencias que no se concretaron me quemaron la cabeza”, cuenta Figueroa, que hoy asiste a una clínica deportiva para dejar el alcohol.


Y es que el talentoso delantero, de 26 años, no supo lidiar con los excesos que le presentó la fama ni con las transferencias frustradas.

Viajó con Luis Suárez al Groningen, pero el ahora delantero del Barcelona no era la estrella, era Figueroa. El cuadro holandés llevó a Lucho para ser el complemento del jugador del Liverpool uruguayo. Sin embargo, la transferencia quedó en nada, al igual que la del Racing de Santander por no tener pasaporte comunitario.

Luego llegaría su gran oportunidad: Chelsea. El cuadro dirigido por José Mourinho, a quien nunca vio, quería probar a Figueroa. Entrenó juntos jugadores de la talla de Hernán Crespo y Ricardo Carvalho, pero nuevamente todo quedaría en nada. Meses después se repitió la historia con Sporting Braga de Portugal.

Y cuando pensó que todo mejoraría, tuvo una nueva frustración. Llegó al Atlético Mineiro, donde pasó los exámenes médicos y fue presentado, para luego nunca ver acción. “Viajé a San Pablo, pasé la revisión médica, me presentaron y nunca supe que pasó. Yo trataba de aislarme, pero eso salía en todos los medios y me mataba. Pensé en dejar el fútbol”, aseguró.

Sus decepciones futbolísticas y sus excesos hicieron decaer su rendimiento y dejó atrás el talento que lo había puesto en la órbita de algunos de los mejores clubes del mundo.

“Antes de un partido con Defensor me concentraron en Lomas de Zamora solo durante 15 días para que no saliera y pudiera bajar de peso. Estaba en 94 kilos. De la bronca me maté haciendo pesas y cuando me paré en la balanza había pasado los 100. Se querían morir”, recordó.

Hoy lucha por volver a ser el jugador que maravilló a tantos y para eso entrena todos los días en la clínica deportiva fútbol con inteligencia.

“Yo caí que tenía un problema porque veía sufrir a mi familia, que todo el tiempo me hablaba de cambiar los hábitos. Un día me desperté muy triste, mal anímicamente y decidí que era el momento de cambiar. No le dije nada a mis padres, porque ya le había prometido muchas veces dejar el alcohol y no había cumplido. Hoy estoy en una etapa de cambio radical, que muchos esperaban y yo también, muy ansioso. Me di cuenta de una cantidad de cosas que habían pasado en mi carrera que eran errores. Estoy tratando de ser el mismo de antes, de disfrutar dentro de una cancha de fútbol y para eso entreno muy duro todos los días, además de dejar las cosas malas”, cerró.

(GRAF/LP)

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