La increíble historia de la "Cenicienta" brasileña de la Copa Sudamericana

Brasilia FC quiere seguir dando qué hablar en el certamen internacional.

Por

AFP

A pocos kilómetros del infierno político de Brasilia, un grupo de jugadores del club que lleva el nombre de la ciudad creada por Oscar Niemeyer y Lucio Costa entrena en silencio a la espera de una cita con la historia.

El estadio de Taguatinga es un modesto campo público cercano a la capital brasileña que el deporte más popular del mundo debe compartir con otras disciplinas. Allí, entre marcas de yardas de fútbol americano, el modesto Brasilia Fútbol Club sueña en grande: hacer saltar la banca y meterse en los cuartos de final de la Copa Sudamericana, el segundo torneo más importante de una región que es cuna de campeones mundiales.

Pero ese frágil y dulce presente internacional contrasta con la crudeza de las penurias locales.

Tras fallar en su intento de clasificar a la última categoría del fútbol federal de Brasil, el equipo de la capital, donde más fuerte se ve la crisis que conmueve a Brasil y que consumió la popularidad del Gobierno, se quedó sin competencias.

En la práctica, con su rival de octavos de final, el también brasileño Atlético Paranaense que marcha noveno en la primera división, hay tres categorías de diferencia.

Cenicienta

Puede ser un lugar común apodar Cenicienta a los equipos modestos, pero si los estudios Disney hicieran una nueva adaptación del cuento de Charles Perrault que inmortalizó la película, deberían vestirla con la camiseta roja del Brasilia.

Sin un centro de entrenamiento propio, sin equipo médico estable y sin hinchada, los jugadores del Brasilia FC se ilusionan con que su marcha en la copa los ayude a ganarse un lugar entre los habitantes de la ciudad cuya imagen llevan estampada en la camiseta.

“Brasil es el país del fútbol, todo el mundo sabe eso y es complicado hablar de fútbol sin hinchada. Acá sufrimos por eso (…) Esperamos que el Brasilia sea el segundo equipo del pueblo. Con esta chance en la Sudamericana esperamos atraer más simpatizantes”, dice sonriente a la AFP Vitor Diniz, joven delantero del club, poco antes de sumarse a una práctica.

El 25 de agosto el equipo jugó su último partido oficial al dinamitar los pronósticos derrotando al Goiás, también de la primera división, y lleva casi un mes velando las armas para el choque de este miércoles en Curitiba.

“La obligación de la clasificación es toda del Atlético Paranaense. Tal vez ese sea nuestro triunfo. No tenemos ese deber, pero sabemos de la recompensa, del placer que vamos a tener con una posible clasificación”, dijo el director técnico Omar Feitosa.

Garrincha

Brasilia FC jugará el partido de vuelta en el estadio Mané Garrincha, una suerte de lujoso castillo deportivo que dejó el Mundial 2014. Será la nota más alta de su historia en un torneo que disputan glorias regionales como Olimpia de Paraguay o los argentinos Independiente y el campeón defensor River Plate y que ganaron Sao Paulo y Boca Juniors.

“Ellos (los jugadores) tienen la dimensión de lo que consiguieron y de lo que podrían conseguir si logran la clasificación”, explicó Feitosa.

Por trillados que suenen, los contrastes con los mejores del continente no dejan de sorprender. Basta con apuntar que River posiblemente va a dirimir con el exquisito Barcelona de Lionel Messi quién es el mejor del planeta en el Mundial de clubes en diciembre.

La falta de apoyo popular y la necesidad de volver ponerse de pie no son los únicos rasgos que comparten la Brasilia del Palacio de Planalto con este pequeño club de fútbol.

La dura crisis económica dificulta sostener a un plantel 100% profesional con capitales privados y casi sin ingresos. Por eso, varios de sus jugadores firman contratos breves que se renuevan poco menos que partido a partido.

Fundado en 1975, el Brasilia FC tocó fondo en 2001 al descender a la segunda división de su ciudad, después de convertirse en el primer club totalmente privado de Brasil por la llamada Ley Pelé que habilitó las privatizaciones en el fútbol.

Inundado de deudas perdió hasta los colores y fue rescatado por su clásico rival, el Gama, también de la cuarta división, que le cedió sus juveniles, pagó sus cuentas y le devolvió el rojo original a su camiseta.

Hoy, sus jugadores sueñan con el renacimiento deportivo.

“El fútbol da esa posibilidad de que que a veces el equipo más débil, si está en un día bueno, puede superar al más fuerte. Pero el Atlético es totalmente favorito”, cerró el defensor André Oliveira.

GRAF/CS

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