La otra cara de Bravo: el líder que sueña con un mejor país

Al capitán de la Roja no le importó el cansancio y fue a inaugurar una sala tecnológica en un Liceo de escasos recursos. Ahí recordó su infancia y demostró su nueva faceta como embajador y sus deseos de ayudar.

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Por Javier Rios R. / El Gráfico Chile

Claudio Bravo no se desenfoca. Llegó a Santiago y sin tiempo para descansar se puso a las órdenes de Jorge Sampaoli para el primero de los entrenamientos de Chile de cara al duelo contra Colombia por las Clasificatorias. Horas más tarde, sus atajadas cambiarían por firmas de autógrafos en una localidad revolucionada por su presencia.

Exhausto, sin poder recuperarse en la tarde libre, el jugador agarró su auto y volvió al sector del aeropuerto de Pudahuel, pero esta vez para una inauguración que va en directo beneficio de los niños de una escuela de escasos recursos en la comuna, Bravo quería entregar un poco de su tiempo a los que menos tienen.

El ánimo del arquero no decayó pese a las casi 14 horas que dura el viaje de Barcelona a la capital nacional y tampoco ante las exigentes jornadas físicas de un equipo que aspira a quedarse con el primer lugar en la fase previa del Mundial: “Estoy muy cansado, ha sido un día largo, tengo sueño pero estas actividades a uno lo motivan, lo incentivan para estar presente”, comentaba al llegar.

Vistiendo de manera relajada, con una polera y una camisa a cuadros, Bravo volvió al colegio recordando sus mañanas juveniles, envidiando la nueva equipación que estrenaban animados los niños que tenían la suerte de compartir la nueva “Sala de Clases Teecnológica” que se encontraba en segundo piso del Liceo: “Es una alegría contar con estos tablets, en mis tiempos no existían”, le decía a los estudiantes de sexto básico de la escuela Comodoro Arturo Benítez N° 321, que lo miraban absortos.

El portero se transformó en uno más, sentado en un pupitre de la escuela, escuchando al profesor y recibiendo la ayuda de una de sus nuevas compañeras para ocupar una tablet con ejercicios haciéndose parte del proyecto de “Ambientes Colaborativos de Aprendizaje” patrocinado por uno de sus auspiciantes, Samsung, y la iniciativa Colegium.

Bravo compartió, enseñó, hizo reír y cortó la cinta de la inauguración. Después, un discurso sin ripios, donde incentivó a los niños a motivarse por aprender y seguir sus sueños. Un verdadero embajador. “Me ha tocado ser exitoso, desde los 10 años me dedico a esto, tuve que privarme de muchas cosas pero he logrado lo que quiero. Desde niño uno tienen que seguir sus sueños y aprender de los errores”, explicaba a su audiencia.

El capitán de la selección no sólo lidera en la cancha, es la perfecta manifestación del nuevo futbolista, en que el marketing se mezcla con un ferviente deseo de ayudar a los que menos tienen, reflejando una memoria que se dispara en un espejo interior que le muestra sus tiempos en Viluco donde no existían ni los autos caros ni los lujosos hoteles de Europa.

El jugador del Barcelona se despidió entre los abrazos y besos de decenas de jóvenes que soñaban con un autógrafo y hoy lo hacían realidad. El capitán se retira con una sonrisa en el rostro y el cansancio en el cuerpo después de ver que una de sus actividades serán provechosas para un grupo de niños que mejorarán sus condiciones para estudiar en un país con enormes brechas de desigualdad en este tema.

Algunos lo llaman “Responsabilidad Social Empresarial”, otros, ayuda directa. Esta noche en la comuna de Pudahuel, Claudio Bravo se fue con satisfacción de que más allá de sus atajadas su nombre hoy genera una esperanza para el futuro de personas, que como él, no tuvieron la suerte de nacer con los recursos para pagar por una educación que de no ser por su inmenso talento habría necesitado.

GRAF / JR

VIDEO Claudio Bravo revolucionó una escuela de Pudahuel tras llegar a Chile

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