Boxeo: En silencio se fue el Canario Reyes

El ex púgil Manuel Natalio Reyes Espina falleció a oos 88 años.

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Por Luis Urrutia O`Nell

Se le echaba de menos en el histórico Café Haiti de la segunda cuadra del Paseo Ahumada. Manuel Natalio Reyes Espina vestía sombrero, traje elegante, corbata llamativa y zapatos blancos, se paraba afuera y a los 88 años no dejaba de piropear a las mujeres hermosas. El Canario se había ido en silencio el 31 de agosto en el Hospital El Pino. Fue campeón peso pluma en el Latinoamericano de Lima 1944, pese a perder por nocaut en el primer round ante el Mono José María Gatica, quien sería uno de los mayores ídolos del boxeo argentino.

“Fue un zapallazo, porque yo era muy superior a ese pelusón y lo demostré en los dos primeros minutos. Los árbitros acostumbraban separar a los boxeadores y pasar por entre ellos, justo en ese momento Gatica me calzó con un gancho de izquierda en el oído derecho que me dejó inflamada la oreja. Me paré mareado, se me fue encima y terminé de espalda sobre la cuerda superior, con el cuerpo colgando… Después, el Mono siempre se rehusó a darme la revancha, ya sea en aficionados o como profesional”, contaba.

¿Cómo es la sensación del nocaut?

¡Terrible! Uno está mareado, se doblan las piernas y no se puede parar. Me retiré del boxeo a los 21 años y no quise saber más de él. Lo abomino por su brutalidad. Pienso que no es un deporte: se trata de liquidar al adversario con golpes en la cabeza.

Luego de la categórica derrota, Reyes se consagró campeón y fue premiado como el pugilista de mejor técnica del Latinoamericano: “Peleábamos día por medio. Después le gané al paraguayo Luis Jiménez, el uruguayo Basilio Alvez no se presentó y vencí al peruano Grimaldo Ulrich, quien se había impuesto al Mono Gatica. Los tres, Ulrich, Gatica y yo, fuimos campeones”.

Reyes nació el 18 de julio de 1924 en Valparaíso (“pero estoy inscrito en el Registro Civil de Quillota”) y con su primera esposa tuvo 12 hijos: Sonia, Manuel, Ivonne, Teresa, Eliana, Jorge, Patricia, Ana, Mónica, Susana, Elena y Pablo. “Enviudé tres veces. Y no sé cuántos nietos y bisnietos tengo”.

Sí recordaba Canario Reyes el número de sus peleas: “Sumando amateur y profesional hice 228 peleas, de las cuales sólo perdí ocho y empaté 14. El resto, triunfos”.

Su talón de Aquiles era la mandíbula de cristal…

Como todos los que pegan duro. Está comprobado en el boxeo mundial, en todos los tiempos, que los noqueadores aguantan poco y que quienes no tienen pegada, resisten lo que les den…

Canario empezó de niño en el club Pablo Muñoz, en el paradero 15 de la Gran Avenida, cuando en cada barrio de Santiago había uno o dos clubes de boxeo. “El mismo Pablo Muñoz me bautizó Canario, porque yo era un rubiecito de ojos azules que pasaba cantando… En un torneo intercentro, debuté con una victoria frente al club George Carpentier, del paradero siete de la Gran Avenida, en el peso mínimo: 46 kilos (mosca). Después subí a gallo y a pluma. Medía 1,70 metros, era alto para las categorías bajas”.

¿Quién fue el más grande boxeador?

Sugar Ray Robinson. Fue el espejo de Mohammad Ali (Cassius Clay) y éste el de Sugar Ray Leonard. Pienso que Ali habría derrotado sin dificultad a Joe Louis.
¿Y el mejor de los chilenos?

Antonio Fernández, Fernandito, por algo lo llamaban el Eximio. Me tocó hacer guantes con él y aunque me llevaba 10 kilos, resultaban verdaderos combates.

Cuando la bohemia superó al boxeador, Canario Reyes se dedicó a cantar tangos, boleros, valses peruanos y música tropical: “Actué en los mejores escenarios, estuve con la española Carmen Sevilla en el Teatro Victoria (Huérfanos) y con la estadounidense Brenda Lee en el Waldorf (Ahumada). Canté con las mejores orquestas, la de Federico Ojeda, Porfirio Díaz, el cubano Isidro Benítez, y tuve una propia, y grabé composiciones con la de Lorenzo D’Acosta en la RCA Víctor, con Los Caribes y el Dúo Bascuñán-Del Campo. Fui empresario artístico, hice giras por el extranjero y nos presentamos en El Show de Ed Sullivan, en Estados Unidos, donde nos pagaron 20 mil dólares, una fortuna…”, relataba.

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