Columna de Jeremías Israel: "Mi primer rally en Abu Dhabi"

El motocilista relata una de sus primeras experiencias en el desierto, parte de su preparación rumbo al Dakar 2013 cuya meta será en Santiago.

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Jeremías Israel afina su preparación rumbo al Dakar 2013. Foto: Bill Torres.

Cuando tomé la decisión de participar en el Dakar 2013, tenía que acelerar, avanzar y aprender rápido. Empezaba la temporada 2012 y ya estaba concentrado en armar mi proyecto con el apoyo de Sergio Baracat y Honda. En ese momento, el piloto boliviano Juan Carlos Salvatierra (mi amigo “Chavo”) me dijo que se acercaba la primera fecha del Campeonato Mundial de Cross Country en los Emiratos Árabes. De inmediato empezamos a coordinar con mi mecánico Marcelo Verdugo (“Chelo”) y un par de semanas después estábamos en el avión rumbo al “Abu Dhabi Desert Challenge”.
Llegamos a Dubai y con mucha buena onda nos recibió el comisionado de la embajada de Chile, Carlos Sala. Aterrizar en los Emiratos es como llegar a otro planeta: grandes y modernos edificios, con una arquitectura extravagante y espectacular. Siendo un país musulmán hay muchas mezquitas, las mujeres caminan cubiertas y los hombres usan túnicas. Es una ciudad cosmopolita  y cuando caminas por sus calles escuchas todos sus idiomas.
La carrera largaba en el Circuito de F1 “Yas Marina”, donde Kimi Raikonnen volvió a ganar un GP después de tres años. Desde ahí, nos internábamos en el desierto por seis días para recorrer todo tipo de dunas. Iba a ser la primera vez que subía a la moto de rally con todos los sistemas de navegación en una competencia 100% fuera de pista.
La primera etapa comienza la noche anterior, cuando recibes el road-book y hacen la reunión de pilotos. Pintar la hoja de ruta por primera vez fue entretenido, aunque me demoré bastante más que “Chavo” y Daniel Gouet. Les preguntaba cada dos minutos qué significaban los símbolos. La forma de marcar el road-book la cambié todos los días de carrera. El primer día fue complicado: 300 kilómetros, 3 caídas y  varias pérdidas. Venía pensando tantas cosas a la vez, enredado en las distancias y sin saber realmente qué significado tenía la mayoría de los símbolos. Terminé en el lugar 20. No era malo y aunque sé que cometí muchos errores estaba contento de haber vivido mi primera experiencia en rally raid.
El resto del día fue una rutina que se repitió el resto de la carrera: ducha, briefing, pintar el road-book, comer y dormir.
El día 2 fue distinto. Después de todo lo que había pasado el primer día decidí dejarme llevar y enfrenté la segunda etapa sin presión y más colgado de mis instintos. Me enfoqué en disfrutar la moto y la ruta. Intenté navegar, pero puse mucha atención a las huellas que dejaban los que iban adelante. Tomé un ritmo que me permitió alcanzar a varios y me estaba divirtiendo. En un momento empecé a sentir una vibración en la rueda trasera que aumentaba mientras avanzaba.  Después era la moto entera que vibraba. Pasé por el control 3, a 120 kilómetros de la meta y me marcaron la tarjeta.
Un poco más adelante, mi moto dejó de avanzar. El motor estaba encendido, pero con la masa trasera, freno y llanta desarmados. Eso fue el final de mi día de carrera. Estaba tirado en medio del desierto, pero las indicaciones del organizador decían que no debía abandonar la moto por seguridad. Obviamente sin tener experiencia dejé la moto parada y me puse a caminar hacia el PC3. Cuando me vieron los controladores, corrieron a llevarme agua, con cara de preocupación. Tuve que esperar ahí hasta que llegó el “rastrillo” (camión que recoge motos y pilotos que abandonan la etapa). Podría haber sido peor.
Henk Hellegers, líder del equipo Honda Europa, hizo la petición y me dejaron renganchar al día siguiente. “Chelo” se puso a trabajar en la moto y nos quedamos conversando sobre los distintos escenarios de esos dos días de carrera. Como el resultado final ya no tenía importancia le dije a Chelo: “Voy a salir a fondo a ver qué pasa”. Sería la etapa más intensa que viviría.
El día 3 largué en última posición. Partir atrás después de abandonar es parte del “castigo”. La ruta era 100% arena y habían huellas por todas partes. Salí concentrado y con ganas de alcanzar pilotos y pude pillar a algunos, aunque el ritmo no era el mismo de los que trataba de alcanzar en los primeros días.
Pasé el PC3 en séptimo lugar (lo supe después). Cuando me faltaban 100 kilómetros, sobre un morro grande se me cruza una cortada y los frenos venían calientes, así que no reaccionaron a la perfección. Aceleré todo lo que pude y salté hacia abajo. Caí bien, pero la altura y el peso de la moto me jugaron una mala pasada y me fracturé el tobillo. Consciente de lo que me estaba pasando no quise llamar a la organización, decidí seguir hasta la asistencia. 100 kilómetros de dunas con el tobillo fracturado es otro cuento…
Este rally me dejó con 3 meses de rehabilitación y también con la convicción que este nuevo desafío, el Dakar 2013 era mucho más que la meta en Santiago. Fue en Abu Dhabi donde descubrí lo que quiero hacer como paso siguiente en mi carrera deportiva. Pretendo seguir adelante con esta disciplina por varios años.

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