Débora Echeverría, la Sharapova chilena que le pide ayuda a Farkas

La tenista de 20 años, a quien comparan con la rusa, sueña con llegar a la élite mundial de su deporte. Aquí su historia.

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Por Juan Ignacio Gardella

Buena y bonita, dos características que juntas, en el tenis de hoy, se asocian a Maria Sharapova. Aquí en Chile, Débora Echeverría da sus primeros pasos en el profesionalismo. No tiene como referente a la rusa, pero esos dos atributos que comparte con ella provocan la comparación en la Universidad Gabriela Mistral, donde paralelamente estudia Ingeniería Comercial. “Mis compañeros me dicen que soy la Sharapova chilena, pero nada que ver”, se desmarca la jugadora de 20 años, que raqueteó con la siberiana el 2009, cuando vino a disputar una exhibición a nuestro país: “Estuve en el partido previo. Jugué un rato con ella, pero poquito, tres pelotas”.

A Débora le gusta más la serbia Ana Ivanovic, desde que ganó Roland Garros el 2008. “La imitaba mucho, pero ahora está medio baja”, cuenta sobre la actual 16ª del mundo, a quien también la vinculan por su físico. “Me dicen que me parezco a ella cuando me pongo visera”, agrega en el Club Providencia, donde entrena con una gorra similar a la que usa la ex número uno del orbe.

En su lugar de prácticas también está Bastián Malla, con quien ha establecido una relación de amistad. ¿Sólo eso? “Nos llevamos demasiado bien. A veces almorzamos acá, me cuenta de sus torneos y yo de los míos, pero es muy chico”, aclara sobre quien fuera campeón planetario sub 14 el 2010. ¿Y alguno de los otros tenistas de proyección se ha hecho el lindo? “Obvio que de repente me han joteado, me han invitado a salir, pero les contesto que sólo como amigos”, añade sin dar nombres.

“PUEDO LLEGAR LEJOS, POTENCIAL HAY”
Con dos puntos, le falta uno para ingresar al listado de la WTA, algo que ya debería haber conseguido hace rato, según cree su director técnico, Guillermo Gómez, el mismo de Andrea Koch: “Él me dice ‘Débora, con tu tenis, no puedo entender que todavía no tengas ranking. Deberías estar 200 ó 300′”.

Ése es el objetivo que tiene en mente para el año que viene, porque en la actual temporada se puso como meta meterse entre las 500 ó 600 primeras. Sin embargo, sus ilusiones van más allá. “Estar entre las 20 ó 50 mejores. Sueño con jugar Roland Garros y Wimbledon”, avisa.

Fe le sobra a la tenista, que desde los siete años se dedica a esto: “Mucha gente me ha dicho que yo juego muy bien al tenis, que tengo buenos impactos, resistencia y fuerza. Creo que puedo llegar lejos si es que sigo entrenando duro. Potencial hay”.

HELP ME FARKAS (AYÚDAME FARKAS)
“@leonardofarkas Leonardo le escribo para pedirle ayuda soy deportista me dedico al tenis y necesito ayuda es muy dificil conseguirlaa!”, le escribió Débora al reconocido empresario el 6 de agosto del año pasado, a través de Twitter. Siete mensajes más le mandó por medio de la red social, pero nunca obtuvo respuesta. “Como siempre apoya a los deportistas y tiene harta disposición, me imaginé que me podía ayudar un poco. Le escribí varias veces, pero no me respondió”, lamenta la joven.

Claro, la carrera de un tenista es cara, sobre todo por los viajes. Aunque cuenta con el soporte irrestricto de su padre, quien goza de una buena situación económica, de todas formas le complica el tema. “Es una presión extra, aunque no me la pongan. Te tiene que ir bien porque tu papá está haciendo un gran esfuerzo”, se desahoga. Para Echeverría, ahí está la principal razón del porqué el tenis femenino nacional no ha podido sacar una exponente destacada. “Cecilia Costa, Daniela Seguel, Fernanda Brito, Macarena Olivares. Todas están bien posicionadas, pero no sé qué tan lejos puedan llegar, porque tampoco tienen mucho apoyo”.

“@leonardofarkas le pido una oportunidad para demostrarle que el tenis femenino tiene talento solo le falta apoyo y q crean en nosotras !”, fue el último tweet que escribió Débora, el 16 de agosto del año pasado, cuando se le olvidó su contraseña. Un grito de ayuda repetido por estos lares. Así es el deporte criollo.

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