El fin último de la "Crespa" Rodríguez

Más allá de los títulos, la boxeadora nacional espera ser una inspiración para otras chilenas que quieran incursionar en los cuadriláteros.

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La puentealtina se transformó anoche en la primera boxeadora chilena en ser campeona mundial (EFE)

 

Juan Ignacio Gardella
@jigardella

“Fue sin querer, sin buscarlo, de casualidad. Lo tomé para hacer ejercicio, para desestresarme. Empecé a competir y me gustó”. Así ingresó Carolina Rodríguez, el 2004, al mundo del kickboxing, actividad en la que se consagró campeona sudamericana en dos ocasiones y panamericana una vez.

Seis años después, se transformó en la primera boxeadora profesional chilena de la historia. Y mal no le ha ido. En una carrera meteórica, anoche se convirtió en monarca planetaria de la categoría Gallo de la Asociación Internacional de Boxeo Femenino (Wiba, por su sigla en inglés).

“Al parecer, tengo dedos para el piano. Me ha tocado pelear con niñas que tienen un montón de experiencia y les he ganado igual. No se me ha hecho difícil”, reconocía la pugilista a El Gráfico a fines del año pasado.

Si bien cumplió un sueño al triunfar en el combate llevado a cabo en Constitución, su objetivo es más trascendental: quiere ser un aporte para el desarrollo de la disciplina en tierras nacionales.

“No quiero ser la única. Gracias a mí, se hizo el primer Campeonato Nacional de Boxeo Femenino. Lo que he hecho ha servido”, se congratulaba la puentealtina en ese entonces.

Aunque no se considera un referente, sí cree que su caso puede inspirar a otras mujeres: “Si ven a alguien que lo está haciendo y que le está yendo bien, se animan y se les hace mucho más fácil el camino. Cuesta dar ese paso cuando no ves a nadie, como me pasó a mí”.

Carolina se atrevió a darlo en su momento. Ayer se transformó en un paso de gigante.

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