Nelson Mandela y su lucha por la reconciliación a través de los Springboks

Durante años luchó contra el Apartheid, y cuando fue presidente encontró que la unificación del país tendría que llegar a través del rugby, el deporte más odiado por la raza negra.

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François Pienaar recibiendo la copa de la mano de Nelson Mandela. Uno de los momentos más brillantes del siglo XX (AFP).

El Gráfico Chile

Un día las calles de Soweto quedaron absolutamente vacías ¿La razón? Todos sus habitantes estaban encerrados en sus casas y bares mirando la televisión que a esa hora transmitía la final del Mundial de Rugby. Sudáfrica disputaba ante Nueva Zelanda, y el único objetivo era ganar.

Pero ¿Cómo fue posible que en Soweto, la población construida durante el Apartheid con el fin de alojar a los africanos de raza negra que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos vibraran por un partido de su selección de rugby, el deporte más odiado por ellos durante el régimen?

El responsable tenía un solo nombre: Nelson Mandela.

El por entonces presidente de Sudáfrica había encontrado en el rugby, símbolo del opresor blanco durante el Apartheid, una vía hacia la reconciliación del país.

Mandela hizo todo lo contrario. No odió ni rechazó el rugby durante el Mundial. Convencido de que el deporte moviliza las emociones de la gente de una manera que ningún político puede acercarse. Se planteó lo siguiente: “¿Qué es lo que más les importa a los blancos? ¿Su religión? ¿Su Dios? Sí, pero también el rugby. A ver si somos capaces de utilizar esa pasión para unificar el país”.

El día de la final Mandela pensó: “¿Habré hecho lo suficiente para convencer a los blancos de
que estoy con ellos, que soy su presidente, que estamos todos juntos ahí?”.

Así, ordenó a que le trajeran una camiseta de los Springboks, de color verde, el color de la opresión blanca. Y que esa camiseta llevara el número 6, el de François Pienaar, el capitán.

Una vez en el estadio, se vivió uno de los momentos más brillantes del siglo XX. Sonaron los himnos y Mandela, con la camiseta del capitán puesta, bajó a saludar a cada uno de los jugadores. El estadio quedó silente hasta que estalló el júbilo: 72 mil personas comenzaron a gritar: “¡Nelson, Nelson!”. Practicamente todo el estadio era blanco.

 

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