La pesadilla sudamericana: el Dakar fue una verdadera Odisea

Cuando la organización bautizó la sexta versión sudamericana del rally como la “Odisea”, nadie imaginó lo que vendría en los nueve mil kilómetros de carrera.

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Una de las postales más dramáticas del Dakar 2014: El incendio del auto de los kazajos Bauyrzhan Issabayev y Gabdulla Ashimov (AFP).

Gonzalo Pérez Amar

@PerezAmar

El Dakar 2014 prometía ser la edición más dura desde que la carrera llegó a Sudamérica, hace ya seis años. Y cumplió con todas las expectativas. Los cerca de nueve mil kilómetros de recorrido fueron una verdadera odisea para los 431 inscritos que comenzaron en Rosario y aún más para los escasos 205 pilotos que lograron celebrar en el podio de Valparaíso.

Desde que la carrera largó en la ciudad argentina, a las cuatro de la madrugada del domingo 5 de enero, los pilotos sintieron el rigor del rally más extremo del mundo. En el primer día de competencia, los rostros ya eran de cansancio y las motos llegaban al campamento de San Luis golpeadas por los primeros 800 kilómetros de carrera. “A todos los competidores les pegó fuerte la madrugada. Es el primer día y ya hay un porcentaje alto de cansancio en el organismo. Fue muy sacrificada la levantada, es un golpe duro y lo sienten la mente y el cuerpo”, decía el chileno Chaleco López al llegar al bivouac. Pero la Odisea estaba recién comenzando y vendrían cosas peores.

A medida que las etapas avanzaban, los pilotos iban cayendo de a poco y el centro médico comenzaba a tener cada vez más trabajo. El ir y venir de los helicópteros de auxilio aumentaba y ya se transformaba en una tradición ver a competidores lesionados o deshidratados. La opinión en el inicio era clara: Sudamérica tenía su versión más dura del Dakar. “No es que lo hayamos pensado así, pero esta prueba siempre tiene que ser dura. Las altas temperaturas de Argentina han complicado todo. Para ganar esta competencia tienes que sufrir y la idea es que vayas avanzando para ganar”, explicaba David Castera, director deportivo de la competencia.

A la mitad de la carrera, en la sexta etapa, ya eran cerca de doscientos los pilotos que se quedaban sin chances de llegar a Valparaíso, entre los que estaba Francisco Chaleco López. La gran carta chileta para ganar en la categoría de motocicletas sufría un accidente en la especial de San Miguel de Tucumán y Salta y se despedía del Dakar. Un barranco de cerca de diez metros veía caer al piloto y su moto, que quedó “fuera de servicio”. Pero por más intentos que hubiera realizado por continuar, las lesiones se lo impedían. Una fractura en la mano y una lesión en la rodilla lo obligaron a devolverse a Santiago antes de tiempo.

Sin embargo, la peor noticia de ese día aún no llegaba. Cerca de las dos de la tarde, la organización confirmaba la muerte del primer piloto en competencia. El camión rastrillo, que pasa por la mañana a recoger las motos que quedaron en el camino, encontraba en el desierto el cuerpo de Eric Palante (foto recorte), quien había fallecido en la madrugada del 10 de enero tras deshidratarse. El bivouac sufría con la partida del piloto belga de motocicletas, pero a la organización poco le importaba y la carrera debía continuar.

“A mí lo de Palante me quedó guardado. No está bien encontrar un piloto botado y recogerlo con el camión rastrillo. Me habría gustado una sensación de duelo  y fue como que no hubiera pasado nada. Había incomodidad en los pilotos”, dijo el piloto chileno Boris Garafulic, que compitió en la categoría autos a bordo de un Mini, en la meta de Valparaíso sobre la muerte del piloto de 50 años.

Tras el fallecimiento de Eric Palante y la difusión de las imágenes que muestran a Enric Marti Flix delirando semi desnudo en el desierto argentino producto de la deshidratación, todo se calmó en la carrera. Los competidores de motocicletas y cuadriciclos dejaron Argentina y se trasladaron a Bolivia. El país altiplánico recibía por primera vez el Dakar y 400 mil personas hicieron sentir como héroes a los golpeados pilotos que llegaban a Uyuni, quienes fueron recibidos por el presidente Evo Morales.

Los bolivianos prepararon una verdadera fiesta para recibir el Dakar y Chile no quería quedarse atrás. Pero el panorama no fue así y la ciudad chilena Calama mostró su peor cara. El bivouac de la ciudad minera no estuvo a la altura y los pilotos, que venían de enfrentar una dura etapa maratón, tuvieron que lidiar con la tierra que se levantaba del suelo. “Este campamento es una basura. Se supone que uno llega a Chile para reponer energías, pero con estas condiciones es muy difícil”, decía el local Claudio “Burrito” Rodríguez, piloto del Team Tamarugal XC.

A esa altura, a los sobrevivientes del Dakar poco les importaban las condiciones del campamento. Sólo les quedaban cinco etapas para llegar a Valparaíso y terminar la Odisea. Cinco etapas que se llevaron a cabo con más calma y que solamente dejó a 30 pilotos en el camino. La pesadilla ya había pasado y en Valparaíso cuatrocientas mil personas aplaudían a los 205 competidores que cumplían su sueño de llegar a la meta. Era el fin de la aventura, la más dura que hubiesen imaginado jamás.

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