Hasta Pepe Mujica celebró con los Teros: Uruguay venció a Rusia y va al Mundial de rugby

"Uruguay y el rugby: los últimos románticos del último gran deporte romántico", titula la crónica de agencia EFE sobre la clasificación charrúa el torneo de Inglaterra 2015.

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EFE El rugby, el último gran deporte romántico que mantuvo el amateurismo como una de sus señas de identidad hasta 1995, encontró hoy en Uruguay al último de los representantes de esta forma de entender el deporte, en donde la pasión prima sobre lo económico, que entra en un Mundial.

Con una dura y trabajada victoria ante Rusia en Montevideo por 36-27 (habían perdido 22 a 21 en la ida), los Teros, como se conoce a la selección de rugby de este pequeño país sudamericano, lograron la hazaña de clasificarse al Mundial de Inglaterra 2015, en donde este grupo de estudiantes, empresarios y jóvenes profesionales se medirá a lo más granado del deporte de la ovalada como los únicos que estarán sobre la cancha compitiendo exclusivamente por el amor a su camiseta.

Uruguay competirá en Inglaterra en el grupo A del torneo, frente a potencias mundiales de la talla de Australia, Inglaterra, Gales y Fiji, todos equipos profesionales de los pies a la cabeza con jugadores que viven por y para el rugby desde hace años.

“Es cierto que esto es un poco lo que destaca de Uruguay, que en un mundo deportivo tan profesional sigamos en carrera. Y ese es nuestro orgullo y un poco lo que vamos a ofrecer en Inglaterra”, explicó a Efe el presidente de la Unión de Rugby del Uruguay (URU), Sebastián Piñeyrúa.

Sin acritud hacia los tiempos cambiantes de este deporte, en donde hoy en día se mueven cifras millonarias en fichajes entre las ligas y los clubes más poderosos de Asia, Europa y Oceanía, Piñeyrúa señaló que para el rugby uruguayo es un éxito extraordinario acudir al Mundial, algo que ya logró anteriormente en 1999 y 2003, cuando el profesionalismo no estaba tan instalado en el rugby como hoy en día.

“Sí, es cierto, somos los últimos amateur. El rugby va cambiando y a nosotros nos parece bien que cambie, no es que no queramos cambiar, solo que las realidades son diferentes. En el Uruguay de hoy el profesionalismo está lejos no por una cuestión conceptual, sino económica”, razonó el dirigente.

El rugby es un deporte relativamente popular en Uruguay, donde hay unos 8.000 jugadores federados en unos 18 clubes, aunque solo ocho de ellos de máxima categoría.

Tradicionalmente, el deporte ha sido un coto casi exclusivo de las escuelas y colegios privados de las partes más pudientes del país, en donde es habitual que casi todos los niños desde edades muy tempranas jueguen a la ovalada, lo que en parte le ha permitido al país tener un equipo competitivo en categorías superiores.

Tal es así que Uruguay ocupa el escalafón 20 en la clasificación de la International Rugby Board (IRB), el máximo organismo rector de este deporte, un escalón por debajo de Rusia, cuyos jugadores militan todos en la liga profesional de su país, y uno por encima de España, donde prima el semiprofesionalismo y la presencia de rugbistas profesionales que juegan en el exterior.

En el equipo uruguayo que hoy eliminó a Rusia solo hay un profesional de alto nivel, el capitán Rodrigo Capó, uno de los mejores jugadores de la liga francesa, y otros dos más militan en equipos de segunda categoría en Francia e Italia.

El resto actúa en el rugby local, con sus amigos y compañeros de toda la vida que, hasta hace muy poco, pagaban incluso sus desplazamientos para jugar con Uruguay.

En un pequeño paso para paliar esta situación, y que se explicó como un primer paso para cerrar la brecha que existe con el deporte profesional, la URU ofrece ahora a los jugadores “alguna dieta para que los chicos no pierdan plata por jugar al rugby”.

Así, por ejemplo, si alguno de ellos tiene que pedir un día libre en el trabajo para entrenarse o jugar para Uruguay, la federación cubre con esos gastos para que “no se les complique la vida en casa ni el presupuesto”.

Pese a este paso hacia la profesionalización, el rugby uruguayo aún se rige por códigos y prácticas aficionadas, como el cumplimiento casi religioso de los terceros tiempos -el ir a tomar algo con los rivales tras el encuentro- que se hace con igual entusiasmo tanto en categorías inferiores como entre los jugadores del combinado nacional.

Otras prácticas aficionadas no tan loables, como las ausencias de varios jugadores de la selección simplemente por antipatías entre los dirigentes de los clubes que ocurrían hasta hace poco, han sido poco a poco suprimidas.

“Sin duda hubo problemas. El amateurismo y el surgimiento del profesionalismo complican las cosas. Pero eso se superó y hemos hecho cosas bien. Ahora tenemos hasta un estadio de rugby, con un centro de alto desarrollo. Nuestra clasificación nos pone contentos. Y creo que para el rugby de países como Portugal, Chile, o España, con un nivel deportivo similar, es bueno que estemos y que vean que se puede llegar”, culminó. EFE

ASÍ FUE EL PARTIDO DE IDA EN RUSIA

 

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