Chilenos disparan gasto en belleza en sólo una década

Pasamos de compras por $25 mil a $55 mil. Diputado Lobos advierte peligros en la suma del hedonismo y el consumo

Por Arturo Figueroa

Cremas antiarrugas, polvos traslúcidos que emparejan la piel, correctores de ojeras, perfumes caros, exfoliadores de rostro, depiladores de cejas, inyecciones de bótox, ma­sajes reductivos, solarium. ¿Suena familiar? El gas­to por persona de los chilenos, hombres y mujeres, en el ítem de belleza se ha más que duplicado en la última década.

En concreto, se incremen­tó desde los $25 mil del año 2000 (48 dólares) a los $55 mil del año pasado (103 dólares), según datos recién procesados y entregados a Publimetro por la Cámara de la Industria Cosmética.

Así, Chile pasó a ser el se­gundo país de la región en consumo anual per cápita de productos de belleza y uso personal, siendo superado só­lo por Brasil. En la general, 900 mil millones de pesos gastan los chilenos anualmente en cosmética hoy.

Un desglose de los datos de la Cámara evidencia que lo que más compran los chilenos hoy son productos para el cuidado del cabello: cremas para el pelo, tinturas y también champús sofisticados y acondicionadores. Luego para el cuidado de la piel: más cremas para el rostro, de día y noche, “antiage”, para las manos y el cuerpo. Acto seguido, produc­tos como desodorantes.
“La mujer chilena nunca va a dejar de comprarlos. El hombre de a poco está cuidándose más”, nos dice Alvaro Márquez, vicepresidente de la entidad gremial.

En tanto, el diputado UDI Juan Lobos, médico y miembro de la co­misión de Salud de la Cá­ma­ra Baja, ad­vierte que “si bien es esperable que la gente pa­ra en­contrar un mejor traba­jo o una pareja, busque el mejorar su ima­gen”, esta “cre­ciente so­ciedad he­do­nista” nos está ha­ciendo en­trar “en una fase peligrosa”.

Su diagnóstico es complejo. “Hemos oído de verdaderos maestros chasquillas de la estética e intervenciones de cosmetólogos que están al borde del ejercicio ilegal de la profesión médica, como la inyección de bótox y otros productos naturales. También del nocivo efecto de los solarium para la piel, de productos engañosos que prometen la eterna juventud y del tráfico de hormonas y otras sustancias tóxicas en gimnasios.  Todos saben lo que pasa pero nadie hace mucho”, comenta.

Respecto a lo que pueden hacer los parlamentarios, acota que “la única regulación posible en este tema aplicable hoy es por la vía de la publicidad engañosa. Además, hemos trabajado nuevas iniciativas legales que lamentablmente han quedado guardadas en el Congreso”.
 

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