Rivera Letelier escribe emotiva columna en El País y habla del número 33

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MADRID, septiembre 01.- Hernán Rivera Letelier, actual ganador del premio Alfaguara de Novela 2010 y uno de los escritores contemporáneos de nuestro país más reconocidos en el extranjero, escribió una emotiva columna en el diario El País de España, en la cual comenta su experiencia con el caso de los 33 mineros atrapados en San José, tomando en cuenta que en su juventud trabajó también en un yacimiento.
“Yo andaba por Centroamérica cuando me enteré de la noticia. Al primer medio que me llamó desde Chile -los mineros llevaban cuatro o cinco días enterrados- les dije que si esos hombres no habían muerto sepultados por el derrumbe, iban a sobrevivir hasta que los encontraran. Dije textualmente que me los imaginaba allá abajo organizándose, dándose ánimo entre ellos, narrándose historias, contándose chistes, inventando mentiras”, relata.
Agrega que “los mineros, como los pescadores, eran hombres acostumbrados a luchar contra la adversidad, contra la fuerza de la Naturaleza, que eran ingeniosos, que eran aperrados, que no se echaban a morir fácilmente. Que eran muy creyentes. Ahora que saben que sabemos que están vivos, ahora que saben que sus familias los esperan, y entienden que tendrán que soportar aún una larga espera, su ánimo no desmayará, seguirán resistiendo. De eso estoy seguro”.
Añada que ha recibido muchas peticiones para escribir artículos sobre el tema y hasta le han ofrecido un guión para una película, pero relata que se ha negado constantemente. “Me he negado justamente por eso, porque también fui minero, y escribir ahora sobre estos compañeros sepultados, hacer literatura con su tragedia, sería como sentarme a escribir un cuento o un poema ante el lecho de muerte de mi padre, de mi hijo, o de mi hermano. No sirvo para eso. Mi ética no me lo permite. Puedo ser un hijo de puta en muchos aspectos, pero nunca en algo como esto”, expresa.
Rivera Letelier también hace mención al número 33, el cual ha sido vinculado como de la suerte para los trabajadores. “Son 33, un número sagrado. Yo cuando era niño y vendía diarios por las calles -en uno de mis libros lo consigno-, solo vendía 33 diarios, con eso me alcanzaba para comer y nunca me quedaba con diarios que regresar. Treinta y tres era la edad de Cristo, y eso me daba suerte. Soy supersticioso igual que todos los mineros. El 33 es el número de la muerte y la resurrección”, sostuvo.
Finalmente, el escritor hace dos solicitudes: Que el “Gobierno, que no desaproveche esta oportunidad de oro que tiene de pasar a la historia -junto a los 33-, haciendo cambios profundos en la legislación laboral de la pequeña minería, para que nunca más vuelvan a ocurrir desdichas como esta -y de pasadita que haga colgar de los testículos a los dueños de la minera-. La segunda va para los medios de comunicación: que no transformen esta larga temporada en el infierno de nuestros compatriotas en un vulgar reality show”.

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