Columna de Copano: Una nueva policía, un fanatismo renovado

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Una historia de la vida real: Raúl, ex socio del Club Hípico, amigo de varias familias de clase alta, reconocido en directorios y dueño de una oficina en el centro esa mañana no sospechaba que lo estaban grabando y se transformaría en un fenómeno de Youtube. Furioso por el atraso de un vuelo, comenzó a insultar al tipo que lo atendía. Golpea la mesa como un desaforado, fuera de quicio. Escondida la cámara, en un celular, se notaba claramente cómo trataba al tipo del mostrador de maricón, poco hombre e inútil.

El video fue subido tiempo después, cuando quien registraba fue despedido de LAN. Al empezar a ser viralizado en Twitter, comenzó el petitorio anónimo: funarlo. Justicia por mano propia. Sin orden. Los datos comenzaron a aparecer en los comentarios de la secuencia. La información con que comienza este texto esta ahí. El personaje es, en sí, la caricatura del hombre con dinero que puede todo y bien merecido se tiene el escarnio público. Y como en Internet, todos tenemos que asumir un personaje en las cajas de registro, nuestro ejército de avatares comunes se transformó en una policía moral.

Lo extraño de enfrentar esto es que muchas marcas u organizaciones confunden el ruido con realidad. Hasta el momento, a lo más, el viejo del video ha tenido que aguantar pitanzas furiosas que terminan derivadas a una pobre secretaria. La sobre expectativa de la audiencia, que desea ver sangre derramada casi siempre, en la realidad tiene pobres resultados. Falta calle. Falta manifestación offline frente a los verdaderos problemas y derechos de la gente, no sobre pequeñeces que pasan con otro video de perros divertidos. Y es que parece ser que el debate personal, de tú a tú, en las plataformas online, generalmente tiene que terminar en una puteada, descalificación, agresión y actos reaccionarios que se quedan en lo sonzo.

La sociedad chilena tiene un problema con respecto a la toma de posiciones: en general siempre tiene que terminar con un conflicto barrabrava. En internet está la clara expresión de todo eso en cientos de foros con monitos meando nombres y calaveras en gif. Muy gracioso. Pero sin confundirse amigos: detrás de un anónimo con distintos nombres, en general se esconde un pobre tipo que llora y quiere sentirse especial. Nos lo explicábamos con un profesor de filosofía, estudioso de estos temas “el asunto es la empatía hacia los que perdedores, o los que sienten que tienen que perder para sentirse valiosos” y es ahí donde se caen, al llevar temas como la “memética” o el consumo de un producto X a cierta estructura casi religiosa. Pasó en un diario capitalino cuando escribieron de Tumblr y los enloquecieron con comentarios de 10 tipos. Y al final es que muchos de estos reactivos miembros que quieren volver todo acto a un nivel grupal sin liderazgo tienen problemas personales, y tal como las iglesias que crearon estructuras como los EJE, los EME y los EPE donde uno no podía contar públicamente lo que se hacía dentro y quién hacía lo contrario era juzgado, acá pasa lo mismo.

Lo importante es separar el populismo bobo de los que “no pueden” de la creatividad grupal y de la creación de pautas de la gente que no puede cumplir sus sueños por a, b o c y se siente disminuida por los que si avanzan y crean estructuras. Si dejamos en manos de esta “policía de Internet” sin identificación, con harto milico en el alma todo tipo de actividad, nuevamente descubriremos porque las normas sí funcionan y muchos justificarán cierres de sitios y otras tristes realidades que nadie quiere ver.
 

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