Columna de Guarello: Barras bravas II

Tal vez por ignorancia o acomodo, el presidente de Blanco & Negro cree que es un deber imperativo del club financiar a un grupo específico de barristas.

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Cito textual de El Mercurio, edición del 17 de abril, al presidente de Blanco & Negro Hernán Levy: “Primero que nada estoy en contra de la violencia en los estadios y tiene que erradicarse dentro y fuera de los recintos. Pero por otro lado la barra alienta al equipo todo el partido. Eso tiene un valor. Nadie habla de financiarla, pero cuando necesitan ayuda para arreglar un bombo, ¡cómo no ayudarles! O si quieren ir a Rancagua pagarles un bus, ¿qué tiene de malo? Es lo mínimo (…) Nadie habla de financiar a la Garra Blanca, pero cuando necesita ayuda para arreglar un bombo, ¡cómo no ayudarla! Es lo mínimo”.

¿Cómo no ayudarla señor Levy? De una manera muy sencilla: NO AYUDÁNDOLA. Tal vez por ignorancia o acomodo, el presidente de Blanco & Negro cree que es un deber imperativo del club financiar a un grupo específico de barristas. Le vamos a hacer una pequeña clase de historia a Don Hernán. Le cuento que el proceso de descomposición de las hinchadas que se está viviendo en Chile es simétrico, casi con molde, con el que se vivió en Argentina hace 40 años. En términos simples: las barras bravas chilenas están, en cuanto a la influencia sobre los clubes, en el lugar exacto en el que estaban sus pares trasandinas en 1970. Para los que creen que esto es una idea antojadiza cito textual a Amílcar Romero, el mayor experto argentino en barras bravas, en una entrevista que dio el 2001:

“Cuando, en los `60, llega la nueva patota capitalista, con Liberti (Antonio Vespucio Liberti fue presidente de River Plate), Armando (Alberto Armando fue presidente de Boca Juniors) y Valentín Suárez (fue presidente del club Banfield y de la Asociación del Fútbol Argentino) a la cabeza, capitalizan el fútbol, lo montan como una gran industria, entonces hay que parar esas formas tradicionales de la violencia, hay que neutralizarlas. ¿Cómo lo neutralizás? Y bueno, con la teoría que aplican en los setenta con la guerrilla… la teoría de la seguridad: cuando tenés un grupo que te provoca violencia, le ponés otro grupo más chico, con mayor mística, con mayor grado de organización para neutralizar esa violencia del otro lado. Así se supone que vos nunca sos el agresor sino que te defendés. Y del otro lado te contestan organizándote otro grupo igual y ahí ya estamos en la parafernalia de la violencia. Esto produjo cambios cualitativos. El grupo va decidido a actuar violentamente… ahora ya va organizado, institucionalizado… apañado” (Amílcar Romero. Efedeportes Nº 41 octubre 2001)

Veamos las similitudes: un grupo de empresarios importantes llega al fútbol (Azul Azul, B&N, Cruzados S.A); se encuentra con un escenario de violencia en el fútbol y decide neutralizarlo ¿Cómo lo hacen? Pagando a las barras bravas para que mantengan la tranquilidad en el estadio. Es decir, contratan a un grupo violento (una patota de matones) para que eviten los actos de violencia en las tribunas. Esto es: yo te doy entradas, viajes, te arreglo el bombo y tú mantienes a los barristas a raya. Sigamos con Romero:

“En el ’68 lo hace Kent (Julian William Kent, escribano, fue presidente de River Plate). El primer blanqueo de barra brava, de la función de la barra brava lo hace Kent con la barra brava de River por el asunto de “gallinas”, cuando se ganan el mote de “gallinas”. En una doble página del suplemento deportivo del periódico ‘El Mundo’ Kent anuncia públicamente la función de la barra y que va a pagar las entradas para que los jugadores no “arruguen” (no sean “gallinas”). Te estoy traduciendo al lenguaje real lo que decía Kent con un lenguaje simbólico. Es cierto que siempre existieron presiones, que todo el mundo sabía lo que era el mundo del fútbol, las presiones sobre los jugadores, el amedrentamiento… etc. Pero el cambio supone que antes te quebraba la pierna un contrario o que te pegaba un hincha contrario. Lo nuevo es que ahora te agarra nuestra barra, que amenaza: si arrugás te estropeamos del todo…” (Amílcar Romero Efedeportes nº41 octubre de 2001).

¿Recuerda usted cuando la Garra Blanca llamó al Claudio Bieler para que se bajara el sueldo? ¿O cuándo empujaron y escupieron a Barticciotto? O cuando, repentinamente, comenzaron a pifiar a Arturo Sanhueza. No es que haya similitudes con lo ocurrido en River Plate en 1968, es exactamente lo mismo. Hoy, esto métaselo bien en su cabeza señor Levy, la barra brava de River tiene copado el club. Se ha transformado en un cáncer, un poder paralelo el cual decide, participa y arregla todos sus problemas a balazos. Ejemplo 7 de agosto del 2007, Ariel Luna (soldado de la barra brava de River) asesina a balazos a Gonzalo Acro por orden de Alan Schlenker ¿Cuál era el motivo? Disputas por liderazgo dentro de la barra. Esto es: entradas, bombos, banderas, viajes… poder.

Por reyertas internas en la Garra Blanca ya hay uno que anda en silla de ruedas y otro que murió ¿Hay que esperar más para cerrar la llave que financia esto? Cantos, barras, violencia en el contexto social excluyente chileno de hoy va a existir siempre. Eso es tema de los educadores, el estado y la sociedad. El transformar ese estado general e inorgánico en una mafia interna, en un grupo privilegiado y parasitario es resorte absoluto de los clubes. Señor Levy, usted no está arreglando un bombo y pagando un pasaje, está envenenando lentamente a Colo Colo. Sólo le basta mirar el pasado en Argentina, para ver lo que ocurrirá en el futuro en Chile.

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