Gracias a una lechuga se sabía si una mujer era virgen o no

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Hace unos 500 años, los varones tenían una singular forma para saber si sus mujeres eran vírgenes o no.

De acuerdo a una guía escrita que data del año 1505, ‘reveló’ que entre otras cosas las féminas, mientras menstruaban, eran capaces de matar animales con la pura mirada.

En cuanto al caso particular de la lechuga, si los hombres querían averiguar si una mujer era virgen o no sólo tenían que hacer que ésta oliera una lechuga. Si después de esto, a la mujer le entraban ganas de ir al baño, significaba que estaba “corrupta”.

La guía también aconsejaba a los hombres qué hacer para lograr que su esposa diera a luz un varón. La fórmula consistía en dar de beber a la mujer vino con matriz e intestinos pulverizados de liebre. Una vez embarazada, con mirar a sus pechos, se sabía si iba a parir una niña o un niño.

Si su pecho izquierdo era mayor que el derecho, eso significaba que el bebé iba a ser una niña. Si por el contrario, el pecho más grande era el derecho, eso significaba que llevaba en sus entrañas era un niño.

Se cree que el libro, De Secretis Mulerium, hallado en los archivos de la Sociedad Real de Química en Londres, fue escrito por el teólogo y científico, Alberto Magno y que luego fue obsequiado a un cura para ayudarle a comprender a las mujeres.
 

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