Monja entrega desconocidos detalles del milagro atribuido a Juan Pablo II

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La beatificación de Juan Pablo II  se consolidó después que en enero los médicos teólogos confirmaran la curación inexplicable de una monja francesa gracias al fallecido Papa.

El milagro se debe a la sanación inexplicable de la religiosa francesa sor Marie Simon-Pierre, de 44 años, que padecía del mal de Parkinson.

La verificación del milagro es la segunda etapa de todo proceso de cononización, es decir cuando se eleva a a categoría de santo a un católico. Lo primero que se hace es el decreto de “vitudes heroicas” que en el caso de Wojtyla fue obtenida en diciembre del 2009.

Durante esta jornada, la monja entregó su relato sobre el milagro, en la víspera de la beatificación que se realizará ante unas 200 mil personas en El Vaticano.

“Empecé a sufrir el parkinson  cuando tenía sólo 40 años, y después de la diagnosis me costaba mucho ver a Juan Pablo II en la televisión, pues me presentaba la imagen de mi propia enfermedad”, dijo, añadiendo que “sentí un gran vacío, la sensación de quien pierde un amigo, una persona querida, alguien que me comprendía”.

El parkinson de la hermana Marie avanzaba rápido, y ya no podía conducir ni casi trabajar en la clínica de maternidad. Se le bloqueaba la pierna izquierda y también la mano izquierda, lo cual, siendo zurda, le impedía escribir. El día 2 de junio “fui a ver a la superiora, la hermana Marie Thomas, para pedirle dejar mi tarea, pues estaba agotada, exhausta”, dijo la mujer, según informa ABC.es.

La superiora la escuchó, pero le respondió que «Juan Pablo II no ha dicho todavía la última palabra». El 13 de mayo, Benedicto XVI había anunciado la dispensa de la espera del plazo de cinco años desde su muerte para el inicio del proceso de beatificación. La comunidad de hermanas que atendía la maternidad de Aix-en-Provence consideró que hacia falta un milagro y comenzó una novena a Juan Pablo II para pedir la curación de Marie. Pero habían terminado los nueve días y no sucedió nada.

Marie relata que la superiora decidió probar de nuevo “y me pidió que escribiese su nombre, a pesar de que yo ya no era capaz de escribir. Como siguió insistiendo, a la tercera escribí el nombre de Juan Pablo II. Ante mi caligrafía, apenas legible, nos quedamos las dos mirando un largo rato y rezando”. .

Poco antes de irse a la cama, Marie Simon-Pierre pasó por su oficina. Era alrededor de las nueve y media de la noche. Sintió como una voz interior que le decía “Toma la pluma y escribe…”. Con notable sorpresa, relata, descubrió que podía hacerlo. Se fue a la cama y a eso de las cuatro y media se despertó con otra gran sorpresa, la de haber podido dormir.

En ese momento, cuenta “me levanté de un salto y bajé al oratorio para rezar ante el Santísimo Sacramento. Me había invadido una gran paz, una sensación de bienestar. Continué rezando hasta las seis y después me dirigí a la Capilla, que está a unos cincuenta metros. Al caminar me di cuenta de que mi brazo izquierdo, que estaba como muerto a causa de la enfermedad, comenzaba de nuevo a moverse. Al mismo tiempo notaba una ligereza en todo el cuerpo, una agilidad que no experimentaba desde hacia mucho tiempo…”.

“A la salida de la misa estaba convencida de que me había curado. Mi mano izquierda había dejado de temblar y mi rostro había cambiado. Vuelvo a escribir de nuevo y al mediodía abandono de golpe toda la terapia”, continúa.

El 7 de junio se fue al neurólogo que la cuidaba desde hacia cuatro años y que, al verla moverse con soltura, le preguntó un poco enfadado si había doblado la dosis de dopamina. El médico escucha, “constata con estupor la desaparición completa de los síntomas clínicos, y no logra comprender mi estado después cinco días de no tomar ningún medicamento”.

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