Columna de Copano: La militancia por lo impúdico

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“Lo que pasa es que este país perdió la vergüenza Copano”, sostiene un amigo con la taza de café en mano enfurecido por las fotos de su hermana mostrando el culo en Facebook. Justo mientras hablamos, el Timeline de Twitter delira. En Chile, un ex participante de reality muestra el balcón nocturno desde donde promete lanzarse, con cientos de adolescentes pidiendo que por favor lo haga “por el bien de la humanidad”. En el mundo, la histeria norteamericana pelea contra sus enemigos anímicos, que solicitan con urgencia la foto del cadáver de Bin Laden, mente maestra del miedo, abatido el domingo. Quizás con eso o pueden creer o pueden tener una buena y sangrienta foto para sumar al perfil. Y es que todo se está sintetizando en estos tiempos sin ideología ni proyecto común en como nos ven los que nos “siguen” (todos llevamos un líder dentro) en las paredes narcisistas de Internet.

No quiero evaluar si eso es bueno o malo: la red ha traído a nuestras vidas libertad de expresión, el registro a click de distancia de momentos extraordinarios y el acceso a una productividad soñada. Pero sin duda también nos ha empujado al único partido hoy posible, individual y comercial hasta la médula: es la era de la militancia por lo impúdico. No tenemos ya ningún tipo de miedo en quedar como unos idiotas con nuestros rostros aprobando cosas en una publicidad en Facebook, por la que ni siquiera recibimos ni las gracias. Tampoco nos da susto que manejen todos nuestros datos y los usen para mandarnos correos. Estamos en la era del “último minuto: estoy enojado con el otro” y mientras usemos letras mas grandes e histéricas, mientras más agresivos seamos, mejor.

Quiero volver a reiterar que no hago juicio de valor (disculpen la repetición en un país donde la mayoría de la gente no interpreta bien la lectura de las instrucciones para hacer leche Nido) si no, trato de poner en sus cabezas lo siguiente: el mundo está mal. Tú y yo lo sabemos: cada cierto tiempo el planeta nos manda una patada que nos hace sentir mínimos. ¿Pero no hay nada que una suma de nuestros miedos? No quiero creerlo. Quiero que exista una mejor alternativa  Y aquí dejo la pregunta botando para tanto comentarista que da vueltas por los foros y siempre sostiene que hay que ocupar estos espacios. ¿Qué creen ustedes que deberíamos construir? ¿Qué viene ahora que todo es “alternativo” y que los códigos que usábamos cuando eramos distintos, rebeldes, depresivos y enojados son patrimonio de gente que no entiende nada? ¿Cómo podemos ayudar a construir con esos, incluso una sociedad mejor?

Yo no sé por quién votar hoy. Creí que lo tendría más claro. Parece que alrededor de nosotros, mientras sumábamos contactos, perdíamos mundo real. Y sí, es verdad: la educación sigue siendo una porquería, muchos de nuestros políticos son de cartón piedra, la televisión está tan mala como siempre. Pero ahora tenemos conexión, Internet, diálogo. Me da de verdad miedo que perdamos la capacidad de escuchar al otro, en pos de pedirle que por favor nos escriba un correo electrónico. Como uno de los propulsores de ciertas ideas, en mis columnas llamo a reflexionar por la posibilidad de presionar stop y debatir como personas en lo que nos rodea durante el día a día y renovar estructuras viejas. Creo que como jóvenes incluso estamos llamados a dejar que en los primeros de mayo el sketch siga siendo el mismo. Y que incluso sean los mismos. Hay que dejar un rato de mirarnos tanto para observar lo que les sucede a los desconectados por culpa de una vida dura.

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