Trolls: el terror de Twitter

Son personajes que atacan sin piedad Critican en las redes sociales creando gran revuelo. En su mayoría usan seudónimos o nombres falsos

Por Constanza Campos / Publimetro
Análisis: Trolls en Chile
Nicolás Copano, comunicador

En Chile hay dos ítem clave para que esto explote: primero porque es una sociedad desigual en oportunidades, lo que obviamente genera descontento y, lo segundo, es que en nuestras escuelas escuchar y dialogar con respeto, además de integrar la opinión, no se hace. Si la gente no entiende como leer, tampoco va a opinar correctamente. 

En mi caso, ciertas columnas o temas relacionados a la naturaleza humana y la identidad nacional son los que despiertan más locura.  La gente otorga responsabilidades a los comunicadores y esas expectativas a mayor cantidad de lectores, son difíciles de satisfacer. 

La semana pasada le tocó a Alejandro Sanz: el cantante escribió “buestra” en vez de “nuestra” en Twitter y se convirtió en carnada para los trolls, que lo atacaron en masa burlándose de sus continuas faltas de ortografía. Sanz dijo que abandonaría Twitter por estar harto de los constantes troleos, aunque más tarde señaló que sólo “lo tomaría con más calma”.

Pero, ¿quiénes son estos famosos trolls que no perdonan en Twitter? Son personas que en general utilizan un seudónimo y se dedican a provocar intencionadamente a los usuarios creando controversia. 

“Tiene que ver con una persona que es adicta a un tipo de comportamiento y que es incapaz de detenerse, y ataca constantemente”, explica Edmundo Campusano, psicólogo y académico de la Universidad Mayor.

Además, explica que “se relaciona con los niveles de madurez emocional, en personas que no tienen otra cosa que hacer en la vida que andar preocupándose de agredir, molestar y ocuparse de otras personas en vez de su propia vida. Son muy poco capaces de tomar conciencia de la realidad, viven en un mundo muy personal como si la visión que ellos tienen de la vida fuera la realidad y llegan y lanzan”.

Según Campusano, los ataques no suelen durar más de dos o tres meses y es muy importante “no contestar, ya que cuando uno quiere extinguir una conducta no tiene que reforzarla, porque  estos personajes necesitan retroalimentación y sentir que esto te está afectando y, cuando esto no sucede, la agresión termina”.

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