Columna de Copano: La fiesta por igual

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¡Qué época interesante que estamos viviendo! Quienes no se atrevan a observar los cambios sociales seguirán sintiendo miedo y teniendo reacciones burdas y torpes. Mientras los otros tomarán posición en este nuevo e interesante Chile. Es cosa de ver a la gente en la calle hablando de medio ambiente o los cambios que hay sobre el mundo gay. Hace años, la tele sólo ocupaba la homosexualidad para sketchs humorísticos. En el Chile de hoy, eso sería absolutamente mal visto. Son tiempos violentos para los cavernarios.

Sobre lo mismo, es tiempo de hablar de cuál es el significado real de la palabra progreso. ¿Hay una palabra más manoseada que ésa? Hoy, todos la usan: la izquierda se renombra como “progresista” para caer bien a la derecha. La derecha la usa para mostrar sus números y cómo crecen los fierros. Y el progreso queda ahí: en una sensación mas allá de una realidad tangible para ti o para mí. Es una cosa de objetos. Un asunto de compras y escasa vez de derechos como debiese ser.

El último domingo en CHV Pablo Simonnetti subió el nivel del debate sobre el matrimonio igualitario a un punto en que la Iglesia quedó absolutamente offside y reducida a un gremio infantil: la reacción mediática de Medina, llamando a aislar a los homosexuales en el programa radial de Julio César Rodríguez después no sólo es la máxima contradicción del mensaje que profesan, si no una falta de respeto hacia la humanidad y la libertad que de paso comprueba que no están preparados para una sociedad abierta y de diálogo como la que estoy estamos viviendo. Y es por eso que se ven de otra época cuando salen opinando de asuntos valóricos en nuestros noticieros, cuestión que por lo menos deberían analizar los editores. Están destiñendo feo. Están logrando que los que nos educamos en sus colegios sintamos vergüenza. Y aunque no fuese una decisión de nosotros si no más bien de padres que creían en ustedes, nos hieren. Hacen para muchos como yo que cuestionemos las lecciones valóricas y de integración que recibimos.

En el mismo programa, Fernando Villegas se declaró incómodo frente a los gays, en un momento desolador: la incomodidad finalmente uno interpreta que nace de no ver al otro como igual, si no como una cosa que se besa con un par y por tanto no es respetable. Y ahí tienes una de las consecuencias de la “cosificación” del progreso.

El progreso no debiesen ser fierros, debiesen ser derechos. Reales. Los argumentos para limitar el matrimonio a un hombre y una mujer son pésimos: se cierran a una creencia. Si no vamos a permitir celebrar el amor de una pareja gay, tendríamos que hacer lo mismo frente a una heterosexual, porque al final, todos los chilenos debemos ser iguales ante la ley. Que la fiesta sea por igual. Nada más digno y hermoso que celebrar la felicidad de los otros.

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