Columna de Copano: El triunfo de lo innecesario

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Vivimos en una época donde el principal valor es lo transparente. Las redes sociales “condenan” a los que antes no manifestaban sus intereses públicamente a exhibirlos para medir “si son consecuentes” y ese proceso de cambio en la configuración mental trae actos fallidos. Estamos en una era donde a veces no tomamos distancia emocional en medio de la vorágine y soltamos sin querer torpemente lo que pensamos. Eso con los vehículos de viralización presentes en Internet es el gran terror de corporaciones y funcionarios.

Cuando el ministro Joaquín Lavín en el programa “Esto no tiene nombre” dice que no matricularía por ningún motivo a sus hijos en la Utem, no perjudica siquiera al grupo de alumnos si no a una comunidad entera. A la que pasó y la que está. Primero porque esta sociedad no es especialmente agradable con “los que vienen de abajo” por el contrario: acá son condescendientes con los que más posibilidades tienen por miedo a cerrarse puertas a futuro, cuestión comprensible en una nación donde estamos siempre atentos a lo que dicen los otros.

Finalmente el ministro ofreció disculpas pero por desgracia queda la frase innecesaria, cuestión de la que este Gobierno hace gala: el Presidente y el papelito por todos lados, Golborne saliendo de vacaciones cuando no corresponde, Ena von Baer en la portada de Caras en plan sadomasoquista y Hinzpeter diciendo que es “necesario HidroAysén”, cuando él no debía hablar del tema. Qué decir de varios boconazos de la UDI que se lucen con bestialidades, como el diputado Estay diciendo “por supuesto que he tenido maricones, homosexuales, sodomitas en mi comando”.

Por el otro lado Lavín también recibe una sobrereacción estúpida: un grupete de patoteros ordinarios y bien fachos, ya que no hay nada mas “ultra” que ir a agredir al otro porque no te gustó lo que te dijo, se aparece como “la voz de los estudiantes” de forma alocada. Y ahí se queda la simpatía por los pobres cabros de la Utem que se sacan la cresta por los estudios: enlodada por un grupo de pelotudos. Gana lo innecesario de nuevo.

Y es que ese grupo de clásicos sicóticos de discurso viejo también están en la oposición y en la negativa a conversar: son los que plantean en su discurso repetitivo que “estamos en una situación similar a la dictadura” cuestión que da vergüenza leer y escuchar seguido. Esta semana luego de la denuncia sobre la afamada cuenta de la CUT en el restaurant ZambaCanuta uno leía los comentarios online y se daba un festín de risa: hay gente que aún vive en la guerra fría. Que cree que “los estan persiguiendo”. Por favor: hacer esa comparación en democracia de “estos son como los militares” para jugar a los rebeldes de turno es banalizar absolutamente los crímenes cometidos contra los derechos humanos para sentir un rush de adrenalina. Es verdad: tenemos una constitución mala y nuestros políticos están viejos y mal acostumbrados, pero esto no da para conspiración barata que desacredite las causas por la que la gente se está manifestando. Al fin y al cabo, esas reacciones son como las de los barrabravas que siempre rompen algo cuando celebra la gente sanamente en las calles.

¿Llega el momento de comenzar a ignorar lo innecesario más que agrandarlo en trending topics? ¿No será que la indignación hace crecer esas posiciones extremas y caricaturescas para que más gente que no tiene información del mundo real adscriba a valores que llaman a reducir nuestras libertades como individuos creyendo que por la seguridad de los que plantean están en lo correcto? Quizás el triunfo de lo innecesario es la evaluación inmediata y online que le damos a personajes que quieren sentir que ganan atención. Recuerden amigos, como dicen por ahí, “la mala publicidad no existe” y varios la aprovechan en el pánico.

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