Columna de Copano: El carnaval inteligente

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Unos le llaman movimiento ciudadano o post-concertacionismo. Otros hablan de “la nueva forma de protestar”, haciendo referencia irónica a la campaña presidencial de Sebastian Piñera. Yo lo denomino carnaval inteligente: las manifestaciones estudiantiles en búsqueda de mejoras al sistema educativo han sido un golpe a la cátedra a los poderes tradicionales, acostumbrados a etiquetar como innecesario e ideológico todo reclamo. Esos personajes frente a las marchas han quedado a destiempo: sin daño y poniendo esfuerzo en reírse de ministros con playas artificiales, todo grito tipo “se han pasado de la raya” se transforma inmediatamente en una caricatura. De pronto todo esto es una gran secuencia de Tom y Jerry donde el gato está desconcertado.

Besatones, guanacos de cartón, bailes tipo Michael Jackson y toda la creatividad usada en las marchas de los hijos de Youtube por sobre la tele han llenado de alegría nuestra calle frente a tanta decadencia espiritual de la que hacen gala los que creen que realmente estamos bien con la enseñanza más cara del mundo, que encima es de poca calidad.

A esta fiesta de las ideas se suman nuevas voces. Muchos creen que no es óptimo lo de Camila Vallejo e incluso la descalifican intelectualmente por su belleza (cuestión que sólo puede suceder en una nación donde la envidia esta engendrada en lo más profundo de nuestro ser) pero ¡ey!, qué bueno es que existan nuevas voces. Qué bueno es ver a un Giorgio Jackson en Tolerancia Cero. Qué grande es ver un sábado donde la gente se manifiesta a favor de la igualdad en todos los sentidos. ¡Esto se pone entretenido! y lo mejor de todo es que no tiene relación con juegos. Es real. Es sano. Es menos cínico.

Y es que si antes la transgresión era desmedirse y apedrear con rabia algo, hoy la nueva arma ciudadana es la cámara, gracias a su democratización. Hemos aprendido a compartir la experiencia online como formato de demostración creativa, la cual siempre genera empatía. Todo lo contrario de quienes gobiernan, que con el paso del tiempo frente a sus promesas de renovación y simpatía han terminado siendo lo mismo de siempre. Y quienes simpatizan con ellos han retornado con retóricas divisionistas y llenado los muros de Facebook con frases alucinantemente desesperadas “contra el socialismo”, cuestión que es sumamente fantasiosa, porque acá el reclamo es más oportunidades y recuerda a la campaña que los republicanos tienen contra Obama en Estados Unidos. Sólo falta que emparenten a los chicos que salen a la calle con terroristas. Es cosa de mirar la foto del niño de siete años vestido de Spiderman, con un cartel diciendo “no puedo estudiar porque soy pobre” y leer abajito “si ese niño trabaja le hará bien”. Una imagen desoladora con un texto que hace creer que la sociedad no tiene arreglo.

Pero eso no es lo que ya me preocupa. El carnaval inteligente ha salido a responder a la pérdida absoluta de la vergüenza. Y es ahí donde entran los últimos acontecimientos: lo que me parece bueno de sacar a la luz el lucro es que por fin el sistema deja de vestirse de monja carmelita y ya entendemos cómo es a la cara. Si nos quieren dar que sea de frente, pero si ese acto no trae consigo reales oportunidades de equilibrio y ayuda a todos los estudiantes no tiene sentido. Es dejar que sigan haciendo un negocio sin ninguna clase de control para entregar beneficios a la gente de lo que es nada más y nada menos un derecho humano. 

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