Columna de Copano: "Triste espectáculo político"

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El lunes circuló un interesante y revelador rumor en Twitter: RN habría convocado a María Eugenia Larraín, Kenita, para ir como diputada en Magallanes. Muchos enganchamos con el dato y retuiteamos. Las reacciones, como siempre que aparece la modelo, se caracterizaron por bromear con sus ex parejas y aventuras mediáticas. Pero también si hacemos el ejercicio de analizar en qué estado están nuestros políticos, encontraremos puntos en común.

En primer lugar la desconexión. En la farándula se vive una dimensión distinta de la realidad, donde la gente es una mera espectadora sin mucha decisión de locales que se autoprocla­man VIP pero con unas lucas puedes entrar. Se parece a los partidos políticos, que se engrandecen de su historia, pero que en realidad están en la esquina de tu barrio y cualquiera puede ingresar con intención.

En segundo lugar el hartazgo. El público se tiene que tragar el discurso unilateral del espectáculo, donde desde la mañana hasta la tarde en paneles se discute de sus personajes con la misma intensidad de un debate sobre la deuda estadounidense en Fox News. La audiencia tiene que soportar, porque parece que los atrae, que incluso una animadora amenace a otra con datos sobre su marido ejecutivo, lo cual es sinceramente no sólo innecesario y sucio, sino también aburrido y de interés e intención de unos pocos, teniendo espacio en la pantalla abierta, en frecuencias radioeléctricas chilenas, o sea que son de todos nosotros. El alto nivel de rechazo del ciudadano de a pie con la clase dirigente en las encuestas como Adimark también se refleja en las que hacen sobre los medios de comunicación y los personajes que viven en ellos.

Y en tercer punto la superioridad moral con que se habla en las dos. Ya no importa ignorar en la dirigencia que a todos les pega la sensación que no están haciendo las cosas bien. Lo mismo sucede en los programas de espectáculo, donde una señora puede decir de otra lo que quiera, inventar una historia y dejarla “así”, en un estado de gratuidad tan asqueroso e innecesario que ya no es divertido.

Es la gente, la que está en las redes sociales, la que está generando contenidos más interesantes y divertidos en sus tumblrs muchas veces que la que está en lo tradicional intentando imponer su verdad. Y ahí radica mi esperanza, en los dos lados: vendrá un momento en que la cantidad de posibilidades en Internet van a superar lo que está en medios tradicionales. Y ahí la gente elegirá con libertad si ver a Kenita que otra cosa. Lo mismo sucederá con los políticos: este despertar de la sociedad, conversando y debatiendo en las calles, promoviendo la conversación y la solución en las esquinas donde sucede lo injusto, va a obligar a aparecer nuevos elementos para complementar el juego y poder cambiar de una vez por todas las cosas. Es ahí donde vienen los verdaderos cambios, no los que se promueven con eslóganes baratos y coloridos. Es el Chile que queremos todos. Tanto en las pantallas como en las calles.

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