Columna de Juan Manuel Astorga: "Verdad versus mito"

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Cuando nadie logra explicarse algo o cuando esa mis­ma explicación no convence o no conviene, es ahí cuando aparecen los mitos. Cuando el suceso es de­masiado asombroso, cuando uno se niega a creer o cuando el hecho en sí mismo es demasiado doloro­so o complejo para ser aceptado, es en ese momen­to cuando la verdad da paso a la fábula.

El mundo ha cosecha­do miles de ellas y algunas de esas leyendas han quedado tan arraigadas que ya forman parte del colectivo planetario.

De todos, por definición, el mito más común es aquél que dice que EEUU capturó un Ovni y que lo tiene hace décadas en estudio junto a su correspondiente extraterrestre. Nunca hemos visto nada, ni una foto, ni un video, ni una sola prueba que parezca creíble. Pero aún así, la teoría es ampliamente seguida en todo el mundo.

Lo mismo con la famosa pero arraigada creencia que señala que el hombre en realidad nunca llegó a la luna, que todo ocurrió en un set de televisión montado para engañar a los rusos, y que muchas acontecimientos ocurridos en aquél viaje lo delatan. Por ejemplo, que los astronautas que viajaron nunca quisieron dar una entrevista para contar lo que vieron, que no era posible que la bandera estadounidense ondeara porque allá arriba no hay viento, que era imposible que hicieran sombra en la superficie lunar porque donde aterrizaron no llegaba luz solar, etc.

Otro mito asegura que Elvis Presley falleció a cau­sa de un accidente de tránsito en 1959 mientras prestaba servicio militar en Alemania, lo que supondría todo un desastre para el aparato propagandístico del ejercito. Por este motivo, la CIA habría tomado el caso y descubierto que Elvis tenía un hermano gemelo llamado Jesse al que habrían obligado a suplantar a su hermano fallecido. Le habrían enseñado a bailar, cantar y tocar la guitarra y a que se hiciera pasar por el verdadero Elvis. Según el mito, luego de su paso por el ejército, las canciones de Elvis se volvieron más melódicas y se dedicaba más al cine que a cantar, probablemente para tapar esa falta de talento que tenía el hermano gemelo, que ni por asomo igualaba al otro. La leyenda termina diciendo que Jesse se cansó de la vida pública que llevaba y amenazó con descubrir toda la trama, por lo que la CIA tuvo que volver a realizar otra de las suyas, pero en esta ocasión para hacer ver que había muerto y esta vez para siempre. El mito se completa diciendo que, desde entonces, el hermano gemelo vivió apartado del mundanal ruido en un pequeño pueblecito de EEUU.

En política, es famosa esa fábula según la cual el gobierno de EEUU estuvo tras el 11 de septiembre de 2001. Esta teoría se basa en “hechos” como la supuesta falta de restos del avión que se estrelló en el Pentágono.

Que la princesa Diana fue asesinada es otro mito muy famoso. Según esa teoría, la inteligencia británica habría tratado de evitar que Diana se casara con su novio Dodi Al Fayed.

Uno de los más debatidos asegura que el sida fue creado por el hombre. El virus habría sido fabricado como un arma biológica o dentro de un plan genocida para exterminar a la población homosexual. Se han escrito miles de artículos al respecto.

Abundan en el mundo historias sin comprobar. Mitos que buscan ilustrar lo que la evidencia no pudo. Cuando no se puede o no se quiere explicar algo, el mito siempre es útil. Leyendas que entretienen, pero que mienten.

La movilización estudiantil ya está generando sus propios mitos. Van desde una supuesta orquestación del Partido Comunista que, oh sorpresa, ahora resulta que tiene cientos de miles de adherentes (esos mismos que nunca se reflejan en la cantidad de votos en las urnas), hasta que todo esto se planificó estudiadamente desde el progresismo internacional para perjudicar al Presidente Sebastián Piñera. Si no -dicen quienes creen o quieren creer esas fábulas- no se explica que el movimiento se haya mantenido firme durante tres meses y que siga siendo inquebrantable.

Quizás para algunos es más simple culpar al partido en el que milita Camila Vallejo, la presidenta de la Confech, que confiar en el juicio que un porcentaje no despreciable de ciudadanos están haciendo sobre la mala calidad educativa. Tal vez la mitología que algunos escriben sobre el movimiento sea más digerible que entender que, con o sin razón, los jóvenes creen en cosas imposibles y que, vaya uno a saber, a lo mejor termina siendo un gobierno de centro derecha el que adopte una revolución socialdemócrata que los gobiernos de ese color no se atrevieron.

Como hay quienes no se explican que la corriente de marchas no vaya en declive y, por el contrario, crece cada vez más, entonces es ahí cuando aparecen los mitos.

Era imposible llegar a la Luna. Era doloroso asumir la muerte de Elvis. Incrédulo pensar que una princesa moría en un choque. Imposible suponer que un terrorista derribaría imponentes edificios en el país más seguro del mundo. Y así, la lista es larga y a cada historia se le creó una “explicación paralela”.

Son acontecimientos puestos arriba de la mesa y donde las pruebas fallan pero las teorías sobran. Promesas de certezas y realidades de fábula. Apunte aquí la suya. No faltará quien le crea. Porque para saber la verdad, se necesita evidencia empírica, pero para creer basta sólo una buena historia.

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