Columna de Bernardita Ruffinelli: "Se lo dije Presidente"

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Cuando has criticado a un gobierno desde que partió, y el Presidente de ese gobierno te invita a conversar; vas. Cuando eres una ciudadana común y corriente, que vive en la región más pobre del país donde nadie se siente escuchado y tienes la oportunidad de decirle al Presidente a la cara, frente a frente y sin intermediarios, vas.

Cuando te sientas a la mesa en La Moneda con un montón de gente que concuerda y otros que disienten de cómo hoy se manejan los temas que tienen al país movilizado, sabes que hiciste lo correcto; porque no te comportas como esos políticos añejos que han transformado la política en el campo de batalla descarnado que es hoy y donde muchos de nosotros no queremos participar.

Perdonen si no me dejé llevar por el protocolo político partidista que dice que como soy opositora al Gobierno, entonces no puedo conversar con ellos. Perdonen si mi lógica no es esa, pero es que yo no sé de política partidista, no me eduqué en los partidos; soy una simple ciudadana que prefirió decirle: “Presidente, yo no voté por usted, y esto es lo que opino de lo que ocurre” y se lo dije; y Piñera me dijo “Rojinelli” y me abrió los ojos más grandes de lo que se los había visto. ¿Qué va a hacer el Presidente con eso que le dije? No tengo idea. Probablemente no hará nada; pero me di el gusto de dejar de ser un troll anónimo y tomé la posibilidad de decirle las cosas a la cara, lo bueno y lo malo; también lo feo.

Y mientras afuera el paro de la CUT era menos apoteósico de lo que creíamos; y se constataba que al movimiento estudiantil no era llegar y colgársele, porque la ciudadanía no es un rebaño y no se deja manipular tan fácil, en el almuerzo en La Moneda yo me daba el gusto de decirle a la cara al Presidente, que era la hora de hacer el gran cambio que prometió a quienes votaron por él, de marcar un antes y un después de Chile escuchando detenidamente a los estudiantes, que hay momentum y que es su responsabilidad hacerse cargo y ceder en todo lo que se pueda para dar el paso definitivo para mejorar la educación pública, sin pensar en quién le dobla la mano a quién, y que quizás, el Gobierno debiera optar por dejarse doblar la mano un poco y flexibilizar su postura en pos de un Chile mejor.

Unos me dicen que haber ido al almuerzo es permitirle al Gobierno dar cuñas de transversalidad y darles pie para decir que escuchan a todos los sectores; y puede ser cierto, debido a mi inexperiencia en la selva politiquera nacional; pero yo prefiero pensar que de no haber ido, cuando fui invitada, habría sido una forma de apoyar una práctica que detesto, porque detesto evitar el contacto con el conflicto, detesto hacerle el quite al diálogo y sobre todo si es con contendores de diversas trincheras. Es posible que no vuelvan a invitarme a La Moneda, el mismo Presidente, un poco en broma un poco en serio, me dijo que probablemente no volverían a invitarme, pero bueno, son gajes del oficio.

No pasé de izquierdosa a piñerista en un almuerzo.  Pasé de ser una ciudadana con cosas atoradas en la garganta, a una que ahora puede decir: “Se lo dije Presidente”.

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