Columna de Copano: "Felipe Camiroaga y el puente"

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¿Qué es la tele si no un puente? En mi humilde y mínima experiencia se da en lo más cotidiano. Ahí esta el resultado. Cuando subes al taxi y te preguntan: “¿Cómo estás… cómo anda la pega?” Cuando te dicen bien o mal tu programa. “¿Y cómo está tu hermano?… la tele es complicada”. Y así sigue el diálogo.

Ese es uno de los costos que tiene exponerse. Poder entablar el link más rápido con quienes te conocen a ti y tú no. Hay veces en que eso se confunde y buscas que te quieran, gastas energía en contar por qué haces las cosas y esa buena sensación se modifica. Pero es parte de la vida ahí. En “la luz” que al final es donde funcionan todas las cosas.

Yo siempre soñé estar del lado de la pantalla. Me atreví a trabajar para ello. Y obviamente al mirar tele tienes los parámetros claros de cuáles son los límites y quiénes son los grandes. Los caminos.

Felipe Camiroaga fue eso para muchos de nosotros. El sinónimo del éxito, el grupo, el misterio, el trabajo y los equipos. Yo era chico y miraba sus programas sagradamente.

Anoche, con amigos empezamos a enumerar programas. Y ahí estuvo siempre. Cuando era audaz con Luciano Bello (yo tuve el CD “Ricas e Inteligentes”), cuando llegaba del colegio y pasaban el “Pase lo que pase”, cuando hacía esos programas tipo “Vamos Chile” y se reía de lo extraño que era estar ahí.

Durante mucho rato, como cuando tienes un hermano mayor, te desencantas. Un tiempo me pareció tibio y con la imprudencia que uno tiene lo dice y ya está. Pero en el último tiempo me reconcilié mentalmente con su pega. Había pasado a ser opinador, a envejecer dignamente, con estilo. Un gallo que hacía la pega bien y uno lo notaba. No quería ser joven y un comunicador más chico valora eso a concho porque deja espacios para crecer. Me lo topé en TVN haciendo webshows y riendo con lo que ponía la gente online de él, porque cachaba que al final nadie lo conocía. Trabajé con gente que lo respetaba y lo conocía en el día a día. En el Festival de Viña me tocó entrevistarlo para la primera versión de #demasiadotarde y en la Teletón lo encontré. Siempre me saludó con buena onda e igual admito que me impactaba cuando decía mi apellido al presentarme. Al final era “loco, me presentó Camiroaga”. Y eso para un fan de la tele como yo es un gran recuerdo.

Ya no hay posibilidades de toparse con él. Sí con la gente que trabajó y guarda el mejor recuerdo de cuando andaba acá. Los que lo definían como sensible, como un niño, como un amigo que estaba y que era independiente. Un tipo al cual le importaba poco lo que dijesen. Un galán, un ganador. Era Camiroaga. Gente: es Camiroaga.

Es Camiroaga porque el archivo te vuelve inmortal. Porque eres mejor animador con horas de vuelo y si hay alguien que los tuvo todos los días, por muchas horas y ha compartido lo más íntimo, el pijama, el desayuno, la enfermedad, está para siempre.

Está para siempre porque anima y habla y levanta. Está ahora no sabemos dónde, pero claramente en miles de videos, en cientos de fotos en las que hizo feliz a muchos con su compañía. Está. El puente se ha extendido y si hay alguien que tiene mucho ahí es Felipe Camiroaga.

Mis respetos a un tipo que hoy por su trabajo pasa a ser una leyenda y tiene tristes a muchas dueñas de casa, a muchas abuelitas, a cientos de personas con las que supo conectar entregando algo hermoso que es la compañía. La gratuita, honesta, trabajada y querible sensación de que cuando nadie está, prendiendo un canal, ahí hay alguien.
Por siempre y para siempre.

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