Columna de Bernardita Ruffinelli: "La rompehogares"

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¿Cómo se llama ese hombre que no tiene compromisos afectivos ni familiares, que se mete con una mujer casada para sacarla de su rutina y darle ese poco de pasión y romance que ella tanto anhela en sus mañanas de dueña de casa?

No tenemos nombre para eso, pero si lo hace una mujer, ella es una “rompehogares”, así, sin separación de las palabras, sin siquiera un guión. Así como vomitado desde lo más profundo de nuestras entrañas, indicada con el dedo: ella es la “rompehogares”.

Y yo me pregunto, ¿quién le puso una escopeta en la espalda a ese pobre hombre casado para fijarse en ella? Y no sólo para fijarse, si no para desarrollar una relación afectiva o incluso meramente sexual con ella? ¡Nadie pues señora!

Y entonces la señora ofuscada, dolida, herida en su ego y su autoestima, va corriendo a agarrarse de las mechas con la rompehogares, en una pelea de gatas peliteñidas con las uñas barnizadas, a enrostrarle que es una puta, una insensible, una mala persona. Que ha tenido el descaro y la crueldad de robarle a su marido, alejar a sus hijos de su padre y romper ese hogar que con tanto esfuerzo han construido juntos por años.

Yo le digo a la señora: vaya usted a echarle los perros a su marido antes que a la rompehogares, mire que los hogares los rompen quienes los conforman.

¿De dónde cresta sacan esa idea de que son las mujeres las nuevas manzanas prohibidas que tientan a los pobres y débiles hombres? Esa creencia pelotuda que dice que la mujer cuando quiere y el hombre cuando puede, que el hombre siempre estará dispuesto y la que decide es la mujer. ¿Dónde la vieron? Patudos no más.

La rompehogares no existe, lo que existe son hombres cobardes que se gorrean a sus mujeres y después se sacan los pillos diciendo que no fue su culpa, que la tentación fue más fuerte. Caballero, si va a tener sucursales, hágala bien hecha y que su señora no se entere, y si no la supo hacer y ella se entera, bueno, para eso es hombrecito. Asuma.

La rompehogares no existe, pero sí existen las mujeres machistas, y pucha que son hartas. Que justifican la conducta infiel masculina como parte de su genética. Déjeme decirle señora, que el ser humano es de naturaleza polígama, y que en nuestro mar de convenciones sociales arbitrarias, hemos concebido la monogamia como una forma de controlar nuestra sociedad, pero la verdad es que usted también es propensa a mirar para el lado, pero a diferencia de su señor marido, usted ha decidido frenar su pulsión natural y ha decidido ser fiel. Porque seamos serios, la fidelidad es una cuestión de decisiones, no de amor.

Y señora, con el que usted debe ajustar cuentas es con su marido, no con la caliente de turno. Ir a la pelea con “la otra” no va a mejorar su matrimonio –si es que en verdad le interesa mejorarlo- y la verdad sólo le hará aún peor a su autoestima; porque si hay algo peor que enterarte de que te ponen los cuernos con una mejor que tú, es enterarte de que te ponen los cuernos con una que no te alcanza. Eso señora, eso sí que es triste.

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