Columna de Bernardita Ruffinelli: "Multiculturalidad y entendimiento desde la capital del país Mapuche"

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Argentinos arrogantes, mapuches flojos, alemanes fríos, brasileñas calientes, ingleses puntuales, latinoamericanos bananeros, suizos serios, estadounidenses incultos, chinos copiones y mil prejuicios más nos aparecen como primera figura al enfrentarnos a una cultura, nacionalidad o religión distinta a la nuestra. En algunos casos el prejuicio se disipa, en otros casos se reafirma.

Por lo general tendemos a encasillar dentro de nuestros estereotipos culturalmente aprendidos a aquellos grupos de los que sabemos menos, más allá de que sean geográficamente lejanos, es un tema de apreciación o acercamiento cognitivo y emocional.
Esta semana, en La Araucanía chilena indomable, están reunidos más de 120 miembros y colaboradores de la Fundación Melton: estudiantes talentosos, profesionales y académicos de excelencia provenientes de India, China, Alemania, Estados Unidos y Chile, reunidos por una entidad sin fines de lucro que promueve y celebra el desarrollo de líderes alrededor del mundo que permitan motivar a las sociedades para colaborar en desafíos globales compartidos, desde valores como el respeto, la curiosidad, la confianza, la responsabilidad y la reciprocidad.

Una oportunidad no sólo para el sur, sino para Chile. Cuando hemos sido criados en un país que está incrustado en el culo del mundo, allá donde el diablo perdió el poncho, casi cayéndonos del globo terráqueo, y donde nuestra cultura ha sido influenciada por una porción pequeña de europeos coloniales, y nuestra exposición a otras formas de ver la vida ha sido casi nula, así como también nuestra exposición a otros colores de piel, a otros tipos de pelo y a otras aperturas de ojos es muy limitada.

Ni hablar de la cercanía con otras filosofías de vida o deidades zoomorfas y con múltiples brazos… ahí ya habría que entrar a picar. Y ellos lo hacen. Entran a picar en terrenos donde tu cultura aprendida cerró espacios o marcó lineamientos estrictamente definidos. Te ponen distintos lentes para ver el mundo desde distintas perspectivas, te permiten entender lo que para tu capacidad mental y tus paradigmas sentimentales sería inentendible. Y eso, pucha que nos hace falta.

Generaciones capacitadas para discutir desde la diferencia sin menospreciar ni degradar, ciudadanos capaces de adoptar otras experiencias, difundir su cultura y promover la diversidad como un valor en sí mismo, más que una dificultad o un obstáculo; jóvenes talentos entrenados para resolver problemas comunes a todos, desde la sinergia de la multiculturalidad y el entendimiento. Tener eso en una región donde la interculturalidad ha querido hacerse ver como un problema y no como un potencial, es una tremenda oportunidad. Porque Temuco es el mejor punto de partida, como capital regional y también capital del “país Mapuche”, como expresa el siempre lúcido y a veces controversial periodista Pedro Cayuqueo, el “vikingo araucano” perteneciente al clan de los inmortales de Icalma.
Porque vivimos en un Chile pequeño pero altamente segregado, vivimos en un Chile competitivo y cohesionado en lo económico internacional, pero profundamente quebrado en términos de discriminación y clasismo. Vivimos en un Chile que vende la palabra Mapuche como una puerta hacia el turismo extranjero, pero en el que sus propios habitantes no han sabido reconocer el impacto, valor y responsabilidad de los originarios en nuestro propio desarrollo cultural. Vamos a hablar de multiculturalidad, y debemos partir por casa.

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