Crítica de discos por Ignacio Lira: David Guetta y The Kooks

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David Guetta: “Nothing But The Beat”
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El DJ francés David Guetta lleva una década sacando discos, aunque en los parlantes de sudados eventos electrónicos está presente hace poco. Su explosión en las pistas de baile mundiales vino de la mano del álbum “One Love” del 2009, que junto a sus reediciones contiene al menos siete canciones que escuchaste si fuiste a una fiesta en los últimos 12 meses.

El tipo la rompe, y si eres una estrella pop en ascenso lo mejor que te podría pasar es que Guetta te invite a hacer una canción. Porque tanto “One Love” como el reciente “Nothing But The Beat” más que discos son un muestrario, un catálogo de los nombres cool que te vas a aprender próxima­mente: antes fueron Rihanna, Akon y Kid Cudi, ahora aparecen Taio Cruz, Nicki Minaj y Jessie J. Todo es rápido y fresco, porque el tiempo corre para consagrarse o pasar de moda.

El que pone este disco sabe a lo que va: los hits de Guetta son entretenidos, pegadizos y peligrosamen­te parecidos unos con otros. El hombre no quiere descubrir la rueda, “No­thing But The Beat” y su larga lista de invitados tienen tanta ambición como una noche de viernes.

Pese a apostar por artistas nuevos, donde mejor resulta este ejercicio de “mi base + tus voces” es cuando suma veteranos: Usher en “Without You”, el resucitado Chris Brown en “I Can Only Imagine” y Timbaland en “I Just Wanna F” contribuyen lo más interesante.

Así como la fiesta es me­jor con las luces apagadas, el truco de Guetta funciona mejor bailando este disco en lugar de prestarle atención: podrías darte cuenta que el caba­llito de batalla de su disco (“Where Them Girls At”) suena exactamente igual a otro éxito de hace dos años.

The Kooks: “Junk of the heart”
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No se justifican los tres años de silencio. Tras un gran debut (“Inside In/ Inside Out”, 2006) y un decente segundo disco (“Konk”, 2008), los británicos The Kooks tuvieron tiempo para disfrutar la fama y dar tantas vueltas por el mundo que hasta pasaron por acá. Y tam­bién tuvieron mucho tiempo para hacer buenas canciones.

Pero no las hicieron. El reciente tercer disco, “Junk Of The Heart”, suena cansado, con una falta de ganas sospechosa para una banda tan joven. La sequía de ideas acosa a muchos artistas tras décadas de éxitos, pero en el caso de los Kooks, todavía a dos pasos de consagrarse en la competitiva escena británica, es un lujo que no están en condiciones de darse.

Entre lo bueno, están los sintetizadores de “Is It Me”, la canción más sólida del disco, los dejos      ochenteros de “Killing Time” o “Eskimo Kiss”, que recuerdan a las partes más alegres del álbum anterior. ¿Y qué más? No mucho más.Y consideran­do lo que por estos días están haciendo sus com­pañeros de generación como Arctic Monkeys o Kasabian, el gusto a poco es una señal de alerta.