Crítica de discos por Ignacio Lira: Tony Bennett y Nirvana

Por

Tony Bennett: “Duets II”
nota ▪▪▪▪▫

A sus 85 años, y en ple­na forma, Tony Bennett es el sobreviviente de una casta de artistas ya extin­ta, can­tantes bohemios de vieja guardia y voces a to­da prue­ba, que tuvo en Frank Sinatra a su máxi­mo exponente. Con méritos y trayectorias simila­res, Bennett toma el mis­mo camino de su amigo y colega con la segunda par­te de un disco de duetos, una maniobra sacada de manual.

Aunque la idea no es original, es tremenda intere­sante la contraposición de escuelas y talentos, porque con 17 canciones y un invitado diferente en cada una, los resultados son muy dispares. Porque com­partir mi­crófono con el mito equiva­le a subirse a un ring con A­lí: se necesitan huevos, porque las diferencias pueden ser a­plastantes. Lo más destaca-do de “Duets II”, en par­te por su carga emotiva, es la brillante colaboración con Amy Winehouse en “Bo­dy And Soul”, la última grabación que hiciera en vida.

Volviendo a la analogía del boxeo, cuando mejor se escucha este disco es cuan­do se enfrentan categorías de igual peso. Aretha Franklin eleva la apues­ta con “How Do You Keep The Mu­sic Playing” y, para el dolor de los detractores de Lady Gaga, su timbre y actitud se ajustan perfectos en la sorpren­dente versión de  “The Lady Is A Tramp” que abre álbum. Cumplen también el fiel discípulo Michael Bublé en “Don’t Get Around Much Anymore” y Willie Nelson en “Sunny Side of the Street”.

En el otro lado, la comparación le hace un flaco favor a Alejandro Sanz en “Esta tarde vi llover”, lle­vada al inglés como “Yesterday I Heard The Rain” y a Faith Hill en “The Way You Look Tonight”: sus voces suenan débiles frente al peso de la leyenda, y son pequeños obstáculos en un álbum que, tanto como homenaje o como prueba de vi­gencia, funciona muy bien.

Nirvana: “Nevermind”
(20° Aniversario)
nota ▪▪▪▪▪

No hay museos para los discos. Pero si los hubieran, en los mismos espacios donde se destaca un Dalí o un Ma­tta, tendría que existir un salón bien iluminado para “Nevermind”. Y no estoy exagerando ni un poco.

Ese es el peso y la importancia del segundo álbum de Nirvana, lanzado en 1991. Porque marcó un punto de infle­xión: si los 90 tuvieron un sonido, está en las guitarras y en los gritos de este disco. Antes de “Nevermind”, todos querían ser Technotronic. Tras “Nevermind”, todos qui­sieron ser Nirvana.

Sólo a nivel de himnos radiales, el tracklist impre­siona: “Smell Like Teen Spirit”, “In Bloom”, “Come As You Are”, “Lithium”, “Polly”, “Drain You”; todas en el mis­mo disco. En sí mismo pare­ce un grandes éxitos. La reedición que conmemora los 20 años de su lanza­mien­to trae las 12 canciones originales (junto al clásico track es­condido al final), lados B co­mo “Aneurysm”, “Even In His Youth” o “D-7” un cover de la banda punk Wipers, más ver­siones en vivo (ojo con “Drain You”); y todo un se­gun­do dis­co de demos, sesiones de estudio y radios.

La muerte de Cobain en 1994 le dio un sentido aún mayor a la angustia de sus canciones, y aceleró la le­yen­da. Apenas dos décadas bastaron para volverlo tan clásico y trascendente como los Beatles, Dylan, los Sto­nes y to­dos los del panteón. No lo com­­pres si ya lo conoces bien. Cómpralo pensando en la generación de hoy. Puedes hacerle un buen regalo a ese hermano chico que está escuchando bachata.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo