Come y calla, por Felipe Espinosa: ¿Océano Pacífico?

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Si hay que arrancar, arranco, de todo el malestar e indignación que sostiene nuestra capital hoy por hoy. Estoy cansado de la mala onda de la ciudad, está bien que se manifiesten los movimientos sociales, a la mayoría de ellos los apoyo, pero últimamente más que reclamos y reivindicaciones se vive una sensación de agresividad en cada esquina, es como si de repente todos nos hubiésemos transformado en bombas de tiempo con mecha corta y cronómetro desajustado.

Como no quiero matar a nadie prefiero huir y qué mejor que dejar la selva de cemento y tomar rumbo al litoral central, a esa cadena sin fin de hermosos balnearios, de casas de madera que nos recuerdan esos días en que nadie usaba “factor solar” y la mayor diversión era gastar mi dinero en videojuegos ya casi extintos por las muy ilegales maquinitas tragamonedas.

Siempre fui veraneante de la quinta costa, sobre todo del litoral de las artes y los poetas, el cual he recorrido de mil formas, desde Cartagena hasta Algarrobo. Siento alegría cuando se realza el aroma de los eucaliptos y la resolana compartida entre el sol y el mar me deja casi ciego, pero de puro regocijo. Fue un fin de semana bien paseado. Comí en Algarrobo norte, en El Canelo y como siempre hay algo que celebrar fui al Tabo a festejar el cumpleaños de mi amada esposa y descubrí así que aunque uno crea que ha recorrido todo, siempre hay recovecos que te hacen aterrizar.

Llegue a un lugar al que accedes por un intrincado camino que baja a la mismísima playa, al pisar la arena ya se pueden ver objetos decorativos que impresionan: un bote de pesca, cadenas de buques e incluso una gran ancla que algún navío debió jubilar. Antes de entrar la decoración impresiona por el inteligente uso de materiales reciclados como botellas, redes y conchas. Si logran leer Kaleuche en botellas es porque aún no han tomado vino.

Al interior un salón oval con un techo engaviotado que simula estar en el exterior, pero si realmente se quiere disfrutar de la brisa del mar hay una pequeña terraza donde el sol te pega directo en la cara. Es ahí donde realmente sientes que estás comiendo encima de la arena entre las rocas y la espuma de las olas. Para comer de todo cuanto ofrece la costa, mucho marisco y varios pescados, los locos realmente blandos y las empanadas fritas de marisco están de competencia, hay chupes y ajillos, yo comí un gran plato de mariscos surtidos, pinzas de jaiba, picorocos y el detalle de unos bocaditos de congrio fritos, todo salteado en abundante ajo a la vista. Para beber, una botella chardonay heladito a la que logre verle el fondo.

El lugar no es barato y aunque las sillas son de mimbre no imaginen una picada, pero en realidad comer entre boyas, redes y estrellas de mar tiene un valor irracional, no por nada es el lugar favorito de Nicanor Parra, un antipoeta que debe tener una alocada versión de este antimundo que pareciera caminar hacia atrás.

Coordenadas:
Kaleuche
Chorrillos 1420, El Tabo. Fono 35-469012

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