Columna de Juan Manuel Astorga: "La pelea del siglo"

Por

Entre perder plata y dejar de ganarla, existe una diferencia. Si esa diferencia es grande o pequeña, dependerá, entre varias cosas, de cuánto se perdió o cuánto se dejó de ganar. En la pugna entre Codelco y Anglo American, disputa que explicaremos en los siguientes párrafos, no es del todo evidente que la cuprífera estatal haya perdido, pero lo que sí está claro es que dejó de ganar casi 3 mil millones de dólares. ¿Qué pasó aquí? Veamos.

Para entender el origen de esta monumental pelea entre titanes del metal rojo, hay que remontarse a 1978, período de dificultades económicas y ausencia casi total de inversión en Chile. El mundo miraba con ojos críticos la existencia de un Gobierno Militar en Chile y este a su vez requería urgentemente de capitales para sanear una economía todavía en el suelo. Como el país no contaba con inversionistas locales que tuviesen recursos disponibles para colocar, había que buscarlos fuera.

¿Invertir en qué? En el cobre, ese mismo que 8 años antes había sido nacionalizado por todo el espectro político en el Congreso. Pinochet y su equipo consideró que era momento de volver a privatizar parte de él para conseguir dineros frescos. Pero había que darle mínimas garantías a quien, desde el extranjero, decidiera invertir en un recurso tan clave para nuestro país. Fue entonces cuando la estatal Enami, por ese entonces propietaria de la mina La Disputada, decidió vender ese yacimiento a la estadounidense Exxon en 90 millones de dólares. Como garantía, se puso en el contrato una cláusula que permitía a Enami comprar el 49% de las acciones de Disputada. De esa forma, se le otorgaba una mínima seguridad legal a Exxon de que si Chile volvía a estatizar lo vendido, recibiría un precio justo por al menos la mitad de lo comprado. Enami podía ejercer eventualmente esa opción de compra una vez cada tres años, en el mes de enero.

Años más tarde, en 2001, Exxon decidió vender el 100% de La Disputada a la británica Anglo American y la Enami mantuvo el espíritu de la cláusula hoy en disputa. Pero no sólo eso: estableció en el nuevo contrato que el Estado puede comprar hasta el 49% de las acciones de la mina siempre y cuando no se haya vendido una parte de ese porcentaje. Esto quiere decir que si Enami no había ejercido su opción de compra y Anglo American había vendido una parte o todo el 49% disponible para el Estado, este no podría pedirle luego a la empresa extranjera que le vendiera porque, dicho en simple, se le dio garantías de que los británicos nunca dejarían de poseer el 51% de las acciones de La Disputada.

Pues bien. Es aquí donde nos encontramos hoy. Enami le traspasó a Codelco la opción de compra y esta empresa, a su vez, anunció en octubre pasado que ejercería su derecho de compra por el 49% de La Disputada. Dado que el cobre ha subido mucho de precio, el mineral ya no vale los US$90 millones que se pagaron por él en 1978, sino que muchísimo más. Por lo mismo, lo que antes era una garantía para el inversionista de que podría vender el 49% del yacimiento a un buen precio, se transformó con los años en una oportunidad inmejorable para el Estado de comprar barato lo que hoy está muy caro.

Para financiar la compra, Codelco recurrió a una estrategia que hoy está en entredicho: le propuso a la minera japonesa Mitsui que le prestara el dinero para comprar la mina y luego le vendería la mitad de lo adquirido, es decir, un 24,5%. El tema aquí es que Codelco compraría a un precio preferente y le vendería a Mitsui a valor de mercado, ganando en la pasada casi US$3 mil millones.

Menos de un mes después del rimbombante anuncio de Codelco, un anuncio que no se había concretado porque, por contrato, la venta debería ocurrir en enero, Anglo American comunica que le vendió un 24,5% del famoso yacimiento a otra japonesa: Mitsubishi. Esto deja a Anglo con un 75,5% de participación en La Disputada y como tiene garantizado que siempre conservará al menos el 51%, sólo le queda un 24,5% restante para venderle a Codelco. Puesto en palabras simples, le mató el negocio a la estatal. ¿Por qué lo hizo? No está claro, pero teorías sobran.

El argumento de la empresa británica es que, raya para la suma, Codelco pensaba quedarse sólo con ese porcentaje de la mina (porque el otro lo vendería a Mitsui) y, bajo esa lógica, no les parecía justo que fueran ellos los que hicieran tan buen negocio. Del otro lado, Codelco dice que Anglo no respeto la venta. En medio de todo esto, hay dos informes técnicos que señalan que la empresa chilena debería ser muy cuidadosa si ejercía su derecho a compra, pues si traspasaba parte de esa opción, es decir, triangulaba la venta, podría traerle problemas. Es aquí mismo donde estamos hoy.

Los más suspicaces dicen que Codelco hizo el anuncio en octubre porque se había enterado de que Anglo le vendería a Mitsubishi y quería frenarle el negocio. Otros, que se anticipó a comentar una transacción que no estaba cerrada para demostrar, en medio de la discusión presupuestaria, que el Estado ganaría US$3 mil millones. Como sea, la pelea parece que terminará en tribunales.

Anglo ha acusado a Codelco (en el fondo, al Estado), de haber actuado de mala fe. Del otro lado le responden que esto podría hipotecar las futuras inversiones de la británica en Chile.

Cuando de negocios se trata, está claro que las delicadezas quedan de lado. Pero si en una pelea de negocios una de las partes está representada por el Estado, la cosa se vuelve peliaguda. Habrá que tomar palco y abrocharse los cinturones porque, créanme, esta contienda dejará heridos. Esperemos que entre los lastimados no figure el buen ambiente que ofrece Chile para hacer negocios.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo