Come y calla, por Felipe Espinosa: Madre Tierra

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Según indica Wikipedia la divinidad Pachamama representa a la Tierra, pero no sólo el suelo o la tierra geológica, así como tampoco sólo la naturaleza: es todo ello en su conjunto, no está localizada en un lugar específico, pero se concentra en ciertos lugares como manantiales o vertientes, es una deidad inmediata y cotidiana, que actúa directamente, por presencia, y con la cual se dialoga permanentemente, ya sea pidiéndole sustento o disculpándose por alguna falta cometida en contra de la Tierra y todo lo que nos entrega. No es una divinidad creadora sino protectora y proveedora, cobija a los hombres, posibilita la vida, favorece la fecundidad y la fertilidad.
Hoy afortunadamente tenemos la posibilidad de encontrar una representación de la voz usada originalmente por quechuas y aymaras, un templo chamánico que enseña la gastronomía peruana y la eleva a un umbral místico y mágico donde la deidad se transforma en restaurante. “Pachamama” es una de las últimas revelaciones de la ya archi reconocida armada peruana que desembarca en nuestro país, estéticamente es pulcra y sin pretensiones donde sus altos muros blancos son decorados con grandes cuadros alusivos a momentos de culturas prehispánicas, sobre todo de ascendencia incaica. En la zona del bar, que es compartida con el cuarto frío de la cocina, hay pequeños detalles de mosaico que distraen la vista ante la salida de deliciosos pisco sours y cebiches en conjunto.
Hay una extensa carta de cócteles y jugos de variedades muy novedosas para nuestro paladar criollo donde destaca el uso de mucha fruta, del maracuyá y la chicha morada. La carta de alimentos es amplia y con una gama bien representativa del desértico vecino del norte. Para comenzar se recomiendan los picoteos en sus versiones fría y caliente de las cuales escogimos, un colorido conjunto formado por anillos de calamar a la romana, brochetas de mariscos surtidos, wontones de camarón, unas finas láminas de un blandísimo pulpo en salsa mediterránea y unas croquetas de pescado que fueron devoradas casi en su totalidad por mi ahijado quien estaba feliz de salir a comer con sus padrinos mágicos. De principales me fui a la segura y pedí el clásico pulpo al olivo, blando, blando, blando, bien aderezado y servido con esa exquisita salsa de olivas que eleva mi espíritu y mi compañera pidió un chupe de camarones que le encanta presentado en plato hondo con esa sopa levanta muertos que te deja lanzando vapor a presión por las orejas.
El servicio fue sorprendentemente rápido, la atención de los garzones excelente y los precios no se dejan llevar por no ser habitantes de Santiago centro. Tengan cuidado de llegar temprano ya que los fines de semana no toman reservas y sólo respetan el orden de llegada, noso­tros fuimos bendecidos con ocupar la última mesa disponible a eso de las dos y media de la tarde. Fue lejos una de las más gratas experiencias en lo que a restaurantes peruanos se refiere, dejando la vara muy alta y por suerte a diferencia de las antiguas culturas no es necesario realizar ningún sacrificio animal para agradecer, aunque si pensara en alguna forma de ofrendar a quien nos provee, me gustaría aunar fuerzas y decir NO a legislar la utilización de cultivos transgénicos, para qué nos vamos hacernos ese flaco favor y desconocer la benevolencia y generosidad de la madre tierra.
Coordenadas
Pachamama
Antonio Varas 2207. Fono: 8850035

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