Columna de Copano: "Labbé, el perverso"

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Al pinochetismo le encanta empatar muertes. Cuando se le juzga por sus crímenes, su comodín es el “Che” y Fidel. Juegan a la respuesta automática, doblando la perversión y lanzando el “ojo por ojo”. Es que al final la vida no les importa, si no es por supuesto la de quienes juegan a configurar su estúpida fantasía de raza superior.

Esa fantasía siempre está aliada con costumbres conservadoras a placer de como los observan los otros y convicción religiosa esperando el perdón por sus “excesos por la patria”. Y es que creen que son dueños del país por derecho propio. Se autodenominan como los mejores, los elegidos y, al final, sólo son pobres tontos nostálgicos de un mundo que se fue. Tristes palitroques de la guerra fría.

La derecha chilena, que ha hecho un esfuerzo por renovar su triste pasado (digamos que incluso hay más caras nuevas que en la Concertación, cosa que se debería imitar) vive declarando que ahora es democrática y liberal. Ok. Supongamos de buena fe que es así, basado en que hay varios abocados a la ayuda social y al asistencialismo, que mas allá de que nos guste o no, intenta ser una respuesta.
 

Muchos creemos que esa definición de demócratas libres otorga un puente de diálogo. Tanto es así que cuando uno lee un “esta represión es como la de los O80” que tanto prolifera en la histeria tuitera, varios nos permitimos dudar por respeto a no banalizar los crímenes contra los derechos humanos ejercidos por la dictadura: en esa época te mataban realmente por pensar distinto o ser sospechoso de ello. No te bloqueaban en Facebook: te torturaban, te pegaban, si estabas embarazada y eras sospechosa eran capaces de las peores brutalidades. Eso también fue parte del historial de Krassnoff condenado hasta el día de su muerte y mas allá. En nuestros días, es verdad, hay torpezas y animaladas, pero compararlos es de verdad quizás es hasta cruel, en beneficio de nuestra época y de nuestro ego.

Yo no viví la dictadura: nací en el O86, tengo vagos recuerdos del No, más vinculados a stickers que se quedaron en las ventanas de mi casa a lo largo de los años, pero tengo clara una cosa luego de estudiar, leer y escuchar documentos: Labbé es el representante público más peligroso de esa visión de la realidad siniestra. Y es lo que más me genera dudas sobre la derecha chilena y sus redefiniciones como democrática y liberal. Tener a un ex agente de la policía asesina política entre sus filas no sólo traiciona la confianza, si no también es un signo de fracaso: en cualquier democracia como la gente ese tipo no puede caminar tranquilo sin escupitajos en la calle. En ellas, la gente no sólo tiene moral, tiene información y respeto por el ser humano. Acá, los escupos son a todos nosotros.

Lo más demencial de todo esto es que precisamente esa derecha liberal y demócrata es la que corre más peligro, con un alcalde que homenajea criminales y luego se esconde. Labbé es peligroso para Piñera: no es necesariamente un militante. Labbé a mi parecer es un militar golpista que cree que hay ciertas personas que deberían tener el control porque están conminados en una misión. Es un militar como Aldo Rico en Argentina o Tejero en España. No hay mucha distancia entre Chávez y Labbé. No hay separación. No son gente que crea en la democracia y el ex agente cruzó un límite: incendió a su propio bando para defender valores en los que adscribe él y sus enfermos amigos con que juega cacho y recuerda los tiempos cuando la ley era sólo de él. Por eso recurre a las figuras que no le corresponden, porque no cree en ellas: habla de libertad de expresión a su favor, con la misma valoración que tiene de su refrigerador. Habla de un país de “aplastados” si no se piensa como él, que fue exactamente lo que hizo en sus años mozos: aplastar al que piensa distinto.

A esta hora en La Moneda esperamos que reine cierta desazón: el lunes un alcalde de derecha celebró un acto sin presentarse, hizo una declaración desafortunada y llamó a la policía a reprimir en un barrio residencial. No había ninguna necesidad de hacerlo. ¿Cómo explicarlo? La UDI no puede. Ahí hay mucho silencio. Mucho miedo a que este sicario de su propio pensamiento pueda hablar y sacar la navaja. RN parece ser el enemigo natural, por “blandeques” de este duro. Este amigo de un tipo que tiene 144 años de cárcel (y sumará más) que hoy homenajearon para tambalear la paz social. Porque eso es lo que quieren: prendernos fuego para justificar que deben volver, con la fuerza de las armas, anulando la razón.

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