Columna de Juan Manuel Astorga: "Incoherencia de lado a lado"

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El arte de hacer política es una disciplina cuya manifestación muchas veces nos confunde. Y como toda expresión artística, interpretar su estética y calidad está llena de parámetros subjetivos. Pero este arte tiene al menos uno que puede ser mirado de manera objetiva: cuánta coherencia hay entre lo que se dice y lo que se hace. Podremos no ser expertos en este particular tipo de manifestación artística, pero para detectar contradicciones no se necesita ser diestro o haber estudiado mucho.

La inconsistencia en el discurso de varios de nuestros dirigentes tuvo uno de sus últimos ejemplos esta semana, a partir del lamentable episodio ocurrido en el frontis del Club Providencia, lugar en el que se efectuó un homenaje al ex agente de la Dina, Miguel Krassnoff, condenado a 144 años de cárcel por violar los derechos humanos durante la dictadura militar. El acto, autorizado por el alcalde de la comuna, Cristián Labbé, concluyó con enfrentamientos entre partidarios del retirado militar y detractores suyos. Al comentar lo ocurrido, Labbé cuestionó a los manifestantes diciendo que protestar contra la actividad es coartar la libertad de expresión y que no quiere “que en Chile el que piense diferente sea aplastado”.  La incoherencia radica en que Krassnoff cumple condena precisamente por haber hecho lo que el Alcalde no quiere: aplastar mediante tormentos y torturas al que pensaba distinto. Por eso la protesta contra el evento.

Para ser justos y, aunque en una proporción evidentemente inferior, se es incoherente del otro lado también. No se puede salir a protestar contra el agresor precisamente agrediendo. Se anula el discurso cuando, para cuestionar un acto donde se honraba a un abusador, se abusa de la fuerza para embestir a los asistentes al acto. No ennoblece la causa, sino que se arriesga invalidarla.

La poca congruencia en política tiene muchos otros ejemplos. Durante meses el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, ha responsabilizado a Camila Vallejo y Giorgio Jackson de los desmanes que se generan al término de las movilizaciones estudiantiles. Si, según su lógica, el que convoca al acto que termina mal es el responsable de lo ocurrido, ¿por qué no culpó al edil de los desórdenes? Todos los pronósticos apuntaban a que terminarían como terminaron. El Presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, se limitó a calificar el acto como un mero “error”. ¿Diría lo mismo si un alcalde comunista invita a un acto en homenaje de los asesinos de Jaime Guzmán?

La oposición también tiene sus propias contradicciones. Declarados defensores de los derechos humanos, suelen hacer la vista gorda cuando éstos se violan en países de una sensibilidad política afín a ese sector. El Partido Comunista cuestiona las violaciones ocurridas en Chile pero guarda silencio de lo que ocurre en Cuba. La Concertación, que enarbola permanentemente la bandera de la defensa chilena de los derechos humanos, la esconde cuando de hacer negocios con China se trata. ¿Es que vale más la vida de los chilenos que la de cubanos o chinos?

Cuando los empleados del Gobierno de la Presidenta Bachelet salían a hacer campaña durante los fines de semana por el entonces candidato Eduardo Frei, la derecha los cuestionó diciendo que los funcionarios públicos eran empleados de La Moneda 24/7. Ahora, cuando algunos miembros de la Alianza que trabajan en Palacio participan en reuniones de la disidencia de Renovación Nacional, se dice que lo están haciendo “en sus horas libres”. Bueno, ¿cómo es la cosa?  

Tampoco es consistente el Presidente Piñera cuando, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, dice que el movimiento estudiantil es “una causa noble, grande, hermosa”, mientras al mismo tiempo sus ministros la estaban deslegitimando. Y menos coherente es la Concertación que hoy le hace en el Parlamento lo mismo que tantas veces le criticó a la Alianza: negarle los votos sin argumentos sólidos del porqué.

El mundo empresarial tiene sus propias incongruencias. Permanentes defensores del libre mercado como motor de crecimiento y desarrollo, se muestran reacios a que les cambien las reglas del juego cada vez que surge alguna discusión como, por ejemplo, aumentarles los impuestos. Pero los mismos que rechazan que les modifiquen las reglas, han sido capaces de ajustarlas a su conveniencia, en desmedro del resto de los ciudadanos. El caso La Polar es un nítido ejemplo de cómo algunos se atreven sin asco a alterar las normas y violar la ley. Y no es un caso aislado, como lo dijo ayer en el Encuentro Nacional de la Empresa, Enade, el presidente de los empresarios, Lorenzo Constans. La colusión de las farmacias y de las empresas de buses, la venta de carne vencida en el supermercado Monserrat y el cobro de mensajes de texto no autorizados que realizan las empresas de celulares, entre muchos otros casos, conforman una lista larga que no cabe en un espacio reducido.

Nuestro Chile vive de incongruencias entre lo que se dice y se hace, entre lo que se pide y luego se da y en lo que se critica cuando al final se termina haciendo lo mismo. Aunque el arte de la política tiene mucho de nobleza, también cuenta con inconsistencias que a veces hacen de esta expresión un arte de muy mal gusto.

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