Columna de libros: "El círculo mágico"

Por Eduard Von Europa

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Este libro, es lo que en el mundo editorial se llama un “clásico”, aunque quizá debido a su éxito (se convirtió en un best seller), algunos lectores estimen sin precaución su verdadero valor; en verdad, esto es calidad literaria e ingenio puro en el ámbito de la novela, con una consideración histórica-metafísica.

En las primeras líneas,
Katherine Neville, enuncia diferentes citas, a saber: “Los tiempos vuelven” (Lorenzo de Médicis); “La vida misma es un círculo; todo se repite” (Friedrich Nietzsche); “Lo que se va regresa” (Lema de los Ángeles del Infierno). Todas ellas atingentes y profundas, pues se trata de una coherencia que va formando su sustancia, en la medida que se avanza en la lectura, capítulo a capítulo, a saber: La cueva; Entrada en el círculo; El tiovivo; El mago; El eje; Urdimbre y trama; entre otros). La autora, de forma brillante va investigando los destinos de los pueblos, los símbolos, los mensajes culturales, a través de la historia de Occidente, y específicamente, teniendo de protagonista a Ariel, -una joven que hereda unos manuscritos antiguos de un pariente y que debe enfrentar peligros de diversa naturaleza, para obtener resultados fidedignos en sus inquietantes investigaciones-. Obviamente, también hay aventuras de amor y conflictos que le dan suspenso e intriga emocional. En los documentos aludidos, están los mayores secretos de la humanidad, o al menos, son en alguna medida, un acercamiento plausible, que se vincula a objetos sagrados para varias tradiciones religiosas; incluso con las obsesiones esotéricas de los nazis, con Adolf Hitler (y la obtención de la espada de Longino), cuya pretensión era procurarse un poder magnífico, y cumplir con sus propósitos, entre otros asuntos secretos –ya no tanto- del lenguaje rúnico y el conocimiento de los lugares de connotación mitológica o con algún aspecto radiestésico singular.

Muchas personas se impactan por los contenidos de este libro, y lo acusan por su énfasis en el estudio y la cultura. Nada más insensato, pues por esta ficción bien se podría llegar a lo más real, a lo más cotidiano y a comprender las bases de Occidente, más allá de Sócrates, Aristóteles, Platón o lo que la ciencia y la sociología actualmente nos señalan. Por este motivo, se examinan conexiones mágicas y psicológicas, análisis etimológico-etnológicos, antiguos cultos mistéricos, fundamentos matemático-arquitectónicos, ritos iniciáticos, antecedentes mitológico-legendarios de diferentes territorios, poemas y profecías, en las que estuvieron involucrados grandes personajes: Salomón, Heráclito, Plutarco, Hesíodo, Pausanias, Virgilio, y Alejandro Magno (quien por designio de su madre Olimpia, creía ser “la semilla de la serpiente de poder, la fuerza del cosmos”, sin contar que, en efecto, construyó una ciudad sagrada en “cada punto de acupuntura” en la estructura del poder del mundo antiguo. Tenía la creencia de que si clavaba una aguja en los puntos de la columna vertebral del planeta Tierra, podría dominar al “dragón de las fuerzas”, con la convicción intrínseca de ser la piedra angular de una nueva era, para originar en definitiva, la revolución concluyente de la rueda del eón (medida de tiempo, referida a los antiguos), que le correspondía.

También algo dirán de los ritos y misterios dionisíacos, órficos y los giros elegíacos o proféticos, de los dioses de la Antigüedad y de las sociedades ocultistas que avanzaron a través del tiempo, autores más contemporáneos tales como: Alaister Crowley, Bernard Shaw, Robert Graves y Archibald MacLeish. Aunque quizá lo más atractivo son dos elementos gravitantes, tanto para la cohesión y sentido último de lo que –aparentemente- resulta un inmenso caudal de datos históricos, como para la comprensión cabal de las sociedades occidentales, en su devenir más radical: son la Sibila de Cumas y Jesucristo. La mención de la leyenda de la Sibila de Cumas, es certera. Se trataba de una mujer con un fortísimo y fenomenal don de visión, y que unos 500 años, aprox., a. C. le ofreció al rey Tarquino profecías escritas -que abarcaban los siguientes doce mil años-. Cuando este rey no quiso pagar el precio debido, la mujer quemó seis volúmenes, hasta que quedaron sólo tres libros del total, que Tarquino compró y conservó en el templo de Júpiter, donde permanecieron hasta el incendio del año 83 a. C. Se señala que la visión de la Sibila fue premiada por los dioses, y ella pidió vivir 1000 años, sin embargo olvidó pedir juventud. Tan encogida quedó con el pasar de los años, que sólo quedaba su voz, que fue depositada en una ánfora de cristal, desde donde seguía profetizando. Y de todos los rincones del mundo conocido iban a escuchar su canto, hasta que cuando Augusto accedió al poder de Roma (27 a. C.), entre otras acciones, finalmente la silenció, y selló la gruta donde se encontraba, con la estupenda arcilla napolitana. Esto y más, porque el lector podrá distinguir con gozo y claridad cada detalle, cada aspecto. Por supuesto, Jesucristo -en el contexto histórico- es la estrella del cambio de eón. Y Neville destaca con avidez, la idea de que este cambio -de la era de Piscis a la de Acuario-, es pertinente con una reflexión sobre el signo del “pez” y la “sal”. La autora se cuestiona, también repasando algunos textos apócrifos, por qué las apariciones de Jesucristo –donde dio a conocer la estructura de su doctrina-, fueron en los equinoccios de otoño y primavera (fechas primordiales para los hebreos y para algunos grupos de gentiles, especialmente en lo relativo al presagio y presentación de nuevos reyes). Ambos elementos, son contundentes con un aprecio sapiencial de la autora, por “investigar el pasado para vivir con claridad el presente y estar mejor preparados para un futuro, siempre con infinitas posibilidades”.

Puede agregarse, para terminar, que es un “librino”, (pues así se designa a este formato de libro pequeño, impreso en papel Indoprint de Bolleré). Es para tenerlo en la biblioteca, como cabecera, es bien inspirador, y como una ráfaga furiosa de Patagonia, la prosa cumple, conmueve e impulsa al lector, hacia nuevos rumbos de libertad, sabiduría y comprensión de la realidad.

 

 

 

 

 

 

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