Columna de Isabel Palma: "Al pueblo pan y circo: Al pueblo all inclusive"

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Pertenezco a ese grupo de chilenos emergentes que pueden disfrutar de vez en cuando de uno que otro viajecito. La primera vez que fui a un resort fue hace más de 15 años. El destino elegido, Cancún. Volví medio impresionada de  lo “plástico” que me pareció y la resignación de los mexicanos a hacer todo cuanto estuviera en su poder para atender a los gringos, aun cuando eso significara sacrificar su cocina, tradiciones y otras yerbas. Mal que mal, al parecer ha sido una buena decisión, ya que el turista estadounidense deja millones de dólares anualmente. El punto es que quince años después se me ocurre volver a un resort, esta vez en Punta Cana. Quince años en que sin duda me he “aburguesado”, me he puesto más exigente, criticona, delicada. En definitiva y para ser honesta, más vieja. Comienza entonces este análisis:

¿Cómo se llamaba el señor romano que dijo “al pueblo pan y circo”? ¿Fue el poeta Juvenal, en alusión a la política romana? Bueno, pues seguramente él, sin saberlo, fue el primero en detectar el gran negocio que iban a ser los resort all inclusive.

Un lugar que desde mi perspectiva campesina no puede sino recordarme a un criadero de pollos o ganado para engorda.

No te mueves para nada y te meten comida hasta por los codos, toda bien calórica por cierto, no vaya a ser cosa que quedes con hambre. Es el festín de la fritanga, la ham­burguesa, los aliños a base de mayonesa o crema. Por supuesto, hay un pequeño sector de lechuga y tomate… pero, ¿quién en su sano juicio y con una voluntad promedio puede elegirlos ante tamaña competencia? Un dato: todos los espejos de mi último resort eran pequeños y sólo permitían ver del busto hacia arriba. Al principio no lo entendí, pero, ¡bingo! Así no ves cómo te va cre­cien­do la guata cada día con las 5.000 calorías que te echas encima.

Y no puedo dejar de mencionar a los monitores, otrora promotores oficiales del internacionalmente conocido baile de la “Macarena” (odié ese baile desde un principio, jamás me ha gustado bailar en serie). Este grupo de pastores del rebaño tratan que uno gaste al menos un 5% de las calorías ingeridas durante el día, invitándote insistentemente a partidos de vóleibol, fútbol, dardos, bo­chas y, por supuesto, a aprender a bailar el baile seriado de turno. Luego, para terminar el día, un show nocturno digno de Las Vegas en el que son los pro­pios asistentes quienes, guiados por el amable políglota animador, hacen diferentes performances compitiendo por una rica botella de ron. Entonces tenemos al señor romano: “Al pueblo, pan y circo”… Al pueblo hamburguesas y monitores… ¡Al pueblo all inclusive!

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