Columna de Juan Manuel Astorga: "Demasiado libre"

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Hagamos un poco de memoria. Fue el año 2009, en momentos en que el mundo se remecía luego que un grupo de especuladores estadounidenses había despedazado la confianza pública de los mercados, robando sin cargos de conciencia y llevándose a los bolsillos indemnizaciones millonarias al ser despedidos por su ineficiencia y descaro, cuando la empresa privada en Chile nos daba una de las bofetadas más potentes que hayamos recibido. Pero no era como la cachetada del payaso, de mucho ruido pero carente de dolor. Esta sonó fuerte y nos dejó marcada la cara hasta el día de hoy. Esa agresión vino de parte de tres cadenas de farmacias que controlan más del 70% del mercado. Se habían puesto de acuerdo para subir los precios de cientos de remedios.

Tres años más tarde, el caso llega a su fin en el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC), al menos en una de sus aristas más emblemáticas. La entidad decretó que las empresas se coludieron para incrementar los valores de al menos 206 medicamentos entre diciembre de 2007 y marzo de 2008. Dos firmas fueron multadas con el monto máximo permitido, debiendo pagar cada una cerca de 19 millones de dólares. La tercera quedó fuera de la resolución por haber alcanzado previamente un acuerdo conciliatorio con la Fiscalía Nacional Económica al haber admitido su responsabilidad en la concertación de precios con ejecutivos de otras cadenas y laboratorios. El haber confesado el delito no sólo le permitió a la empresa pagar apenas un millón de dólares de multa, sino que facilitó la investigación. Y, claro, aunque se valora el reconocimiento, de todas formas no minimiza la gravedad de lo ocurrido ni mucho menos permite perdonar su comportamiento.

El asunto es grave. Primero, porque el acuerdo entre las partes para la fijación de precios era un hecho sabido del que muchas autoridades hicieron la vista gorda. Hace algunos años, por ejemplo, la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad de Valparaíso, realizó un estudio sobre el mercado farmacéutico. Durante el desarrollo de la investigación quedó en evidencia el oligopolio de las 3 grandes cadenas de farmacia y la colusión.
Es grave también porque mientras cientos de miles de chilenos apenas subsisten con sus escuálidos ingresos, más encima debían pagar precios altísimos en decenas de medicamentos simplemente porque las cadenas farmacéuticas decidieron ponerse de acuerdo para aumentarlos artificialmente.

Grave porque los remedios a cuyos precios se les aplicó este incremento injustificado, en muchos casos eran y son esenciales para seguir viviendo. No estamos hablando de medicinas genéricas, sino de remedios específicos para enfermedades delicadas. Es lo que se conoce como los medicamentos éticos. Ni hablar de la ética empresarial en este caso.  Es grave porque según las organizaciones de consumidores, compensar a los afectados sería difícil de materializar, porque existen muchos vacíos legales en esta materia. Es grave porque el monto que las cadenas deberán pagar como multa, representará menos del 3% de las ventas anuales de la industria este 2012. Si esto hubiese ocurrido en Estados Unidos, la multa llegaría hasta los 100 millones de dólares y los afectados podrían recuperar hasta tres veces el monto de los daños sufridos.

Y grave, claro está, porque aún cuando están en su derecho de hacerlo porque las empresas niegan la colusión a pesar de las cientos de pruebas en su contra y anunciaron que acudirán a Corte Suprema. Chile, país al que tanto le gusta compararse con las naciones más evolucionadas del mundo y que se considera el jaguar de Latinoamérica, debiera aprender de naciones como Suecia, cuyo estado tiene el monopolio, entre otros, de los medicamentos. Su concepto es “máxima calidad al mínimo precio”. Al consumir cierta cantidad de medicamentos, se aumenta la subvención. Así el más enfermo llega a conseguir gratis la medicina a lo largo de un tiempo.

En Chile la controversia se diluyó al punto en que únicamente se discute la arista penal, pero no el cómo volver a evitar estos comportamientos abusivos.

El tema es particularmente grave porque lo que sucedió con las cadenas farmacéuticas es muy probable que se repita en otros mercados como el de las bencinas, las multitiendas y los supermercados. El libre mercado, demasiado libre, a veces es enemigo del consumidor. Una paradoja que en el caso de las farmacias literalmente pudo haber matado a su propia clientela.

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